En Iquique aún existe el recuerdo, difuso por cierto de este lugar. Sobre este sitio se han formado familias y todo tipo de organizaciones sociales. Se han hecho jardines, construido plazas.
Poco y nada se sabe sobre el cementerio 2. Tal vez la primera noticia se la debemos al viajero inglés Howard Russel quien en 1890 arriba a nuestras tierras atraído por su arquitectura de madera. Visita la ciudad y las salitreras.
En su recorrido por Iquique y por el sector norte tomó nota de un gran cementerio. Le llamó la atención una tumba que siempre estaba iluminada con velas. Era el ánima de la patita. Esta es un pie humano. Se cuenta que este finada era milagrosa, castigadora. Y cobradora. De ahí la expresión “Saliste más cobradora que el ánima de la patita”.
Cada 21 de diciembre, en romería los obreros tributaban a los caídos en la escuela Santa María. Un pequeño monolito de madera sintetizaba a los cientos de masacrados. Nada queda de ese recordatorio excepto una fotografía.
Con los años el cementerio fue abandonado, además se esgrimen otras razones como el futuro Barrio Industrial, cuestiones estéticas y de salud. El alcalde era Francisco Gallo Chinchilla y el Dr. José Steinberg supervisó la destrucción y traslado de los difuntos.
Después de varios intentos, el año 1961 se trasladan los cuerpos a los cementerios 1 y 3. Me imagino las dimensiones, de excavar, desenterrar y a apilar los cuerpos de un pariente.
Luego empiezan los primeros asentamientos humanos. Se llamó John Kennedy y posteriormente Jorge Inostrosa.
La familia de un compañero empezaba a construir su vivienda. Nos encontramos con varias osamentas, no tenían nombre y apellido e iban a una fosa común. Fue mi primer encuentro con la muerte, luego vendría Pisagua.
No tenemos fotografías ni otros medios que den cuenta de ese pedazo de nuestra historia urbana– Nada se sabe a donde fue a parar el ánima de la patita. Tampoco que maldición cayó sobre el que la destruyó.