Pocos meses en el año están marcados por una fuerte presencia de la cultura. En Iquique, menos. Pero, en agosto de 1966, hubo dos hechos que marcaron la agenda cultural de una ciudad en invierno y en crisis. Una ciudad que esperaba que Sagasca funcionara, y que pasara de  promesa a realidad. “Cavancha”, así se llamaba el período que le tomaba el pulso a la ciudad, lo anunciaba.  La figura de Mario Zolezzi como articulista ya era una realidad, al igual que la pluma de Santiago Polanco Nuño. Iquique le ganaba a Victoria en fútbol.

El 2 de agosto del año ya mencionado el “Cavancha” anuncia la inauguración de la Casa de la Cultura. En la página 3 dice: “Casa de la Cultura: una feliz realidad para los iquiqueños”. El personaje que la conduce es Jorge Checura Jeria (1933-1995). En la casona que la minera Collahuasi restauró, las artes, tuvieron su lugar. Esta Casa acogió todo tipo de manifestaciones, siendo el teatro y el folklore uno de los principales. La empresa editora de libros Zig-Zag donó varios libros para incrementar su biblioteca. Vale la pena detenerse en la figura de Jorge Checura Jeria. Un personaje que dejó un legado importante, pero que permanece en el olvido. Lo mismo sucede con su hermano Juan (1914-2006), diputado de la república y articulista de la prensa local. Los Checura, fueron parte insoslayable del paisaje cultural y político del puerto. No solo de éste, sino que también de Pisagua.

A pocas cuadras de ese lugar, y en ese mismo mes, se inauguró el cine Tarapacá. El ya citado “Cavancha” informa: “Gran cine Tarapacá, joya total, local fue inaugurado ayer”. La información es del día 6 de agosto del año 1966.  Asistió todo el protocolo tarapaqueño incluido el obispo José del Carmen Valle.  El edificio sobre el que se levantó, era la expresión de una modernidad arquitectónica de punta, para esa época.

Ambos eventos son la expresión de una ciudad que pese a vivir en crisis, logra a través de la cultura, dar señales de vida. La actividad teatral de los profesores, como asimismo el folklore, la pintura entre tantas otras manifestaciones, hablan de personas y de instituciones con un fuerte compromiso social y cultural, y por ende político. Los funcionarios del Hospital, por ejemplo, tenían un Coro, al igual que la Centra Única de Trabajadores. En fin…
Esos años, unos antes y otros después, son de grupos musicales como Voces del Tamarugal, Los Bemoles,  de los Ralbepp, Los Spinner y Los Vampiros, y por cierto de los New Demonds. Años de Jaime Torres y de Augusto Erlich, que montaban obras de Ibsen.  Y era otro país. Y el mundo también era diferente.
Cuarenta y tres años después, y con un crecimiento económico indiscutible no tenemos Casa de la Cultura, y el cine Tarapacá cerró sus puertas sin ritual ni ceremonias.  Por lo anterior,  es entendible tanta nostalgia por una ciudad que dejó de existir.

Publicado en La Estrella de Iquique,  el 2 de agosto de 2009