No sólo el hormigón armado y el mal gusto nos gana, día a día la pelea por la conservación del patrimonio. El fuego ahora establece alianzas con la desmemoria. Y cuando digo fuego, digo la mano del hombre, ese depredador, que irresponsablemente maneja el hábitat humano.
La destrucción del Palacio Mújica, no fue obra del fuego, ni de un lamentable accidente. ¡No!. Las llamas que consumieron ese edificio tienen nombre y apellidos. Y me temo que en ese largo nombre esté el de todos nosotros.

La calle Baquedano con la que nos llenamos la boca, es la expresión más acabada de nuestro profundo desinterés por el patrimonio. Baste ver la casa del enfrente, abandona luego de un incendio para darnos cuenta del peso que tiene la historia en nuestra vida cotidiana. Pero hay que ser más preciso. Las autoridades, han pecado de  desinterés respecto a nuestra principal avenida, quizás lo único que nos va quedando del ciclo salitrero.

La pregunta es ¿cómo en posible que en un lugar patrimonial haya funcionado un casino? Ello nos debe hacer pensar en una política de resguardo destinada a anticiparse a estos hechos. Un casino puede funcionar, pero con limitaciones acordes con las características del lugar. Sería bueno que la Fach, en la persona de su Comandante en Jefe, el iquiqueño Ricardo Ortega Perrier, se comprometa a restaurar esta propiedad. De lo contrario tendremos una feria de artesanos, un estacionamiento u otras fealdades. O una torre. Que alguien nos pille confesados.

El fin de la avenida Baquedano se empezó a observar cuando las familias la dejaron de habitar. El tránsito de la casa habitación a un establecimiento educacional y luego a Casino, nos habla del fin de esta calle como lugar de residencia. Conocí esa casa en los tiempos que la habitaba la familia Provoste, y luego como docente del liceo  Escasce. Convertir a Baquedano en una serie de lugares comerciales no es mala idea. Pero para evitar lo que sucedió en el Palacio Mújica, debemos normar su uso. Sin una normativa clara y precisa, sin una política de restauración, dejaremos que esta calle, sea presa del fuego que bien sabemos tiene como único responsable al hombre.

La Fach debe darnos una lección de amor por el patrimonio, tal como lo hizo la empresa minera una cuadra más hacia el norte. Restaurar el Palacio Mújica debe ser una política de Estado. Y esta institución dirigida por un iquiqueño debe dar el ejemplo. El conjunto de nuestras autoridades, deben diseñar bajo un gran una política responsable y seria acerca del manejo de esta calle. Ello implica tal vez expropiar, como es el caso de la propiedad abandonada frente al lugar recién quemado, fiscalizar a los establecimientos que expenden comidas, etc.

El cuidado del patrimonio requiere políticas de intervención y de fiscalización. No basta apelar a la buena voluntad.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 3 de febrero de 2008