La desaparición del Palacio Mújica, debe llevarnos a pensar seriamente el tema del cuidado de nuestro patrimonio. No es exagerado afirmar que cada día que pasa algo de esa riqueza perdemos. La ciudad, construida bajo el impulso de la industria salitrera, nuestra mejor seña de identidad, es cada vez menos evidente.  La tragedia que significó el incendio del edificio donde funcionaba el casino de suboficiales de la Fach, debe ponernos en alerta respecto al Palacio Astoreca.

Este, al igual que el Teatro Municipal, el Casino Español y la Protectora de Trabajadores, por sólo nombrar los más importantes, constituyen los emblemas de una ciudad cuyos aires se remontan hacia los finales del siglo XIX. Me detengo en el Astoreca  ya que requiere ser restaurado de un modo urgente. En este edificio, que albergó, de forma breve, a la familia que lo construyó, y que por mucho tiempo fue sede del gobierno regional, y desde haces unos 15 años, administrado por la Universidad Arturo Prat, nunca ha sido objeto de una política de intervención y restauración de marca mayor. Incluso se comenta que fue lugar de detención el año 1973.

El incendio del Palacio Mujica nos puso en alerta sobre la fragilidad de este monumento nacional. Muchos han hablado de construir un gran cortafuego en sus límites hacia el norte. Pero nada de eso ha ocurrido. Es bueno que el Gobierno Regional de Tarapacá de quien en definitiva depende este inmueble se haga cargo de esas obras mayores. Debe ser política de ciudad el resguardo de esta obra que nos da atractivo turístico, y de paso nos recuerda como la riqueza que generó el salitre, por lo menos, dejó huellas urbanas.

La acción mancomunada entre los actores sociales relevantes como la Universidad Arturo y el Gobierno Regional, vía fondos públicos y privados, nos deben llevar a la restauración y conservación no sólo de ese inmueble sino que de todos aquellos que lo ameriten. Entre ellos, la estación de ferrocarriles y el viejo estadio municipal (el estado de ambos no se condice con la importancia que tuvo para los iquiqueños). Esta es la única forma que tenemos de restaurar aquellos rasgos urbanos que nos llenan de orgullo.

El Astoreca es el sitio innegable de la cultura y de las artes. Sin ese lugar, nuestras carencias serían más agudas. Pero, insisto, requiere de un tratamiento serio y a largo plazo. Todo ello para no lamentar la tragedia del Palacio Mujica. Sobre éste, al parecer, el manto del olvido cubre las maderas quemadas. Sería lamentable que siguiera el ejemplo de la casa de enfrente. Para evitar que el Palacio Astoreca siga el mismo camino es que debemos ponernos serio y enérgico para evitar que las llamas u otro desastre consuman parte de nuestra identidad.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 2 de marzo de 2008