Antes eran boticas  ahora son farmacias.  El paso de la una a otra se produjo cuando empezamos a notar que “La Cóndor”, “La Bristol”, “La Victoria” y “La Danesa” empezaron a desaparecer de nuestra vida cotidiana. Lo que más hay en la calle Vivar es farmacias y carnicería.

Las boticas tenían varios encantos. Eran lugares casi sacrosanto a la que se ingresaba sólo si uno estaba enfermo, o bien mandado a comprar la pastilla que le hacía bien al abuelo.  La figura del farmacéutico, era la de un hombre serio, mezcla de alquimista con sabio que usan el método científico.  No eran santos ni mucho menos. En algunas ocasiones, le basta mirar al paciente y de inmediato le recetaba lo que él pensaba que le haría bien.  En esos años, hay que aclarar, la oferta de médicos, era escasa.

Nuestras boticas poseían además otros encantos. Y no menores. Uno de ellos, el dueño de “La Danesa” un escandinavo, se dedicaba en sus horas libres a la arqueología. Y en tal condición contribuyó a conocer parte de nuestra historia que tiene diez mil años. Estaba ubicada en Baquedano con Thompson. De hecho hay una colección de arqueología que lleva su nombre: Anker Nielsen. Una calle de Playa Brava recuerda a ese europeo.

Otro hombre importante fue el dueño de “La Bristoil”, ubicada en Barros Arana entre Thompson y Sargento Aldea. Fue regidor de la comuna, pero sobre todo se dedico en sus crónicas del desaparecido diario “El Tarapacá” a registrar parte de nuestra historia. Su nieto, Fernando de Laire, editó año más tarde, en dos libros “Sendas de Nostalgias” ese tremendo aporte.

De las otras dos boticas no sabemos mucho. “La Cóndor” en Tarapacá al llegar a Amunátegui, donde ahora hay un chifa, y “La Victoria” en Vivar con Tarapacá, atendían las necesidades de la población local. Hubo otras más como “La Móscú” que en otras crónicas he nombrado.

Ignoro si estas cuatro boticas hayan organizado un cartel como el que protagonizaron las tres farmacias más grande del país.  ¿Se habrán coludido para subir el precio de las pastillas a carbón? Lo cierto es que éstas, y cada uno a su modo, se las arreglaron para dotarnos de remedios y de otras pócimas y ungüentos para superar tal o cual dolor.

Otro rasgo característico es que muchos de sus dependientes trabajaron casi toda la vida. Un caso, de los muchos que hay,  es la señora Carmen Lira Videla que reinó por muchos años detrás de los mostradores de “La Victoria”. El paso de la botica a la farmacia, es el paso de un negocio regido por la especialidad farmaceútica, a otro en que se agrega productos que poco o nada tiene que ver con la salud.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 5 de abril  de 2009