La ciudad moderna se reconocía en sus salones de té y de café. El lugar indicado para el intercambio de bienes simbólicos como la palabra. Una especie de teatro para ver y ser visto. En los viejos cafés de París, la intelectualidad  ayudó a modelar la modernidad. En Iquique, en los años 80, el café Derby, y a su manera, congregaba a los parroquianos para emprender una tarea imposible: arreglar el mundo.  La Zofri habría de modificar esos espacios de varias maneras. Ir al cine, otra invención de la modernidad, por diversas razones, entre ellas el poder de los incendios, liquidó a los dos que existían y condenó al cine Tarapacá, a una muerte segura. Hoy trata de sobrevivir. La llegada de los reproductores de películas, primero el betamax y luego el Vhs, significaron su certificado de defunción.
La ciudad moderna y premoderna a la vez, se llenó de tiendas que arrendaban películas en los dos formatos. Al final el vhs se impuso sobre el beta. En el  centro de la ciudad y su periferia casi como callampas florecieron estos lugares. Era tal su demanda, que había que inscribirse como socio y optar a un carné. Ver películas, pero ahora en casa, en el living o donde fuera, se convirtió en un nuevo hábito. En los años 80, en el Crear estrenamos la “Historia Oficial” sobre el drama de los desaparecidos en la Argentina. En Vívar 964 el local se nos hizo chico. Los videos del Ictus, por su parte, nos hablaban de un Chile en blanco y negro que no tenía espacio en la TV a colores monopolizada por el “jappening con ja” y las curvas de la Maripepa Nieto. El video sirvió para escapar de la realidad así como para dar con ella. La muerte de todos estos locales de arriendo de vhs, corrió por cuenta del Blockbuster (aún tengo mi carné, plastificado y lleno de prohibiciones). El pirateo de estas películas, ahora en DVD, tiene entre las cuerda a esta trasnacional del entretenimiento.
El lugar que ocupa el arriendo del vhs fue cubierto ahora por el Cyber café (no hay que ser tan literal en esto). El Internet y  todos sus derivados necesitó de estos locales para generar redes sociales virtuales. Los hay de todos los tipos. Con cortinas o sin ellas, con cámaras web o sin ellas. Lo ocupan los viajeros sin wi fi, y los estudiantes, los pobres que no tienen por donde conectarse. Al decir de Bauman los pobres son locales, no son globalizados. El mercado los segrega. ¿Qué vendrá a reemplazar esos cyber café? Los cafés  se han reactualizado bajo una nueva lógica, pero la conversación sigue siendo su estructura vital. Aunque ya no se quiera cambiar el mundo, siempre la utopía servirá para endulzar el café.  De los viejos locales de los vhs deben quedar por ahí uno que otro carné y decenas de cintas con películas que alguna vimos cuando fueron estrenos. No falta el que anda con una cinta beta buscando el modo de pasarla al dvd.
El mapa urbano de la ciudad que antes tenía despachos, luego arriendo de vhs y ahora cyber café, demuestra todo su dinamismo y vitalidad, además de una capacidad para estar al día en cuanto a formas de ocupar el tiempo libre.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 23 de mayo de 2010. Página A- 12