Convengamos en decir que en Iquique coexisten dos tipos de vida o formas de encarar la vida: uno moderno y otro tradicional.  Dentro de cada uno de ellos existen variantes.  De tal modo que se puede concluir que también existen subestilos de vida dentro del moderno o del tradicional.
Todo estilo de vida o forma de encarar la vida precisa manifestarse.  En Thompson con Amunátegui se muestra durante las 24 horas del día un estilo de vida tradicional y popular.  En el día se expresa de una manera latente y en la noche manifiestamente. La conjunción de estas dos calles es la conjunción de un estilo de vida que a veces nos choca y nos hiere.  En otras nos conduce a la risa o a la lástima, pero nunca a la indiferencia. Y eso es bastante.
Todo estilo de vida posee una concepción sobre la vida y sobre el mundo, sobre el hombre y el destino, es decir posee una cosmovisión. Hay ideas, hábitos y creencias. Una forma de hablar particular –jerga- de vestir y hasta de caminar.
Thompson con Amunátegui es la esquina climax del estilo de vida popular que en ella se da cita cada día.  La vida es concebida como trágica y el destino huega en ella un rol preponderante.  La jerga usada por este grupo social sirve para marcar la diferencia entre esta forma de vida y otras formas también populares que existen en Iquique.  Si el hombre se diferencia del animal por el uso del lenguaje Thompson con Amunátegui se distingue de otro grupo social por el uso peculiar que le otorga al lenguaje.
Las personas que participan de este estilo de vida visten, por lo general, de una manera extravagante.  La moda para ellos es señal de diferenciación con respecto a otros grupos, llámense modernos o tradicionales. La diferencia la consiguen acentuando extremadamente ciertos rasgos de la moda. Usan prendar con colores fuertes y llamativos. Creo que los que diseñan la moda piensan con frecuencia en estos grupos. La moda vive encarnada en el ídolo de turno que, por lo general, es un cantante. Se tratan de vestir como su ídolo, se visten, hablarán y hasta caminarán como él.  En esta esquina  es posible observar la imagen de Sandro por todos lados: las patillas acentuadas, los pantalones ajustados y las botas por encima del pantalón. Pero la moda de este grupo no es una copia textual del ídolo modelo de turno, es con frecuencia una adaptación e innovación de lo visto en la TV o en el cine. Así, la moda popular no es un acto repetitivo, sino un acto innovador y adaptado, pero claramente  inspirado en el nuevo ídolo.

La música es una constante de la vida social de Thompson con Amunátegui. Siempre se escucha cuando uno pasa por ahí, ya que las “chanchas” por lo general, se ubican en las puertas de las fuentes de soda. La canción siempre es la misma, la letra es simple y vanal: “Me engañas mujer…” o “Si no fuera por el amor a nuestros hijos”. El engaño y el desengaño, la traición y la timidez son los motivos de las canciones. El hombre dice con ellas, al escucharlas lo que él no puede decir a quien ama u odia.  La canción le llena una necesidad sentida: la carencia de un lenguaje propio que pueda hacerse canción y disco a la vez, para que se perpetúe el sentimiento.

El vino y la cerveza, la música, la jerga, la forma de vestir y de caminar, sus códigos morales y sus costumbres, le confieren a Thompson con Amunátegui una fisonomía de refugio social para todos aquellos  hombres desarraigados y sin orientación, que hallan en la delincuencia, en la prostitución y en el homosexualismo un sentido para su desgraciada existencia.

Publicado en La Estrella de Iquique. 23 de abril de 1978