Bastante se ha dicho ya de las calles iquiqueñas: de su historia, de los  tres nombres que muchas  de ellas han tenido, de los nombres peruanos que algunas tuvieron y que ya se olvidaron, como por ejemplo, la calle Vijil, entre tantas otras. 

Una amiga me regala un poema que se llama “Evocación de las calles Iquiqueñas”, escrita, al parecer por un piqueño. Su nombre,  Max E. Miranda  Medina. El poema está fechado en el 1956.

El poema compuesto de dieciséis estrofas de cuatro versos cada uno, se estructura en torno a  las calles del puerto. Estas  traen a la memoria del poeta pasajes importantes de su infancia y juventud. Es un recurso, para hacer hablar el yo íntimo,  desamarrando la nostalgia, y de paso ofrecer una postal de Iquique de los años cincuenta.  El poeta, que al igual  que muchos, producto de la crisis económica de ese entonces, debe irse de la ciudad: “Viajan los recuerdos por todas las calles/Del distante Iquique, que nunca olvidé/ Veinte y tantos años que dejé sus playas/Hoy cierro los ojos y le vuelvo a ver….”.

El poema es una imagen de ese Iquique que olía a jazmín (aún no aparecía el olor a harina de pescado), y sus cincuenta mil habitantes (o quizás menos) se conocía entre si, o al menos, como se decía antes “se ubicaban”.

El recurso de la nostalgia opera como un guía de turismo, que no no sólo habla de la ciudad en cuanto compuesta por calles,  sino que también por personajes: “En Patricio Lynch me brindó sus libros/ Mr.Hill, el viejo profesor de Inglés/Calle Tacna ¡cuantos años ya se han ido!/ Ramírez y Vivar….la dulce niñez”.

El recorrido lo lleva a un sitio donde no queda rastro de lo que allí hubo. Pero, el poeta artífice de la memoria, como para evitar el olvido dice: “Sigamos el viaje, Riquelme, a tres cuadras/ Veo el regimiento Carampangue, igual/ Como aquellos años en que fui soldado/Siempre inconmovible como su majestad”.

Era ese Iquique una ciudad no sólo de barrios, sino que también de esquinas. Allí la vida social se concentraba para ver qué pasaba y  recorrer paso a paso, los hechos más significantes de lo cotidiano. Miranda, no lo olvida: “Esquina iquiqueña de mis viejos días/¿Cuantos años hace que partí de ahí?/Largos calendarios troncharon mi vida/Y hoy el pensamiento regresa hacia ti”.

La nostalgia es también parte importante de nuestra identidad. A ella acudimos cuando lejos,   la ciudad nos pasa la cuenta o  nos llama la atención. El poeta responde: “Veinte y tantos años que dejé tus playas/ Iquique, ¿quien dice que yo te olvidé?/ Y hoy cierro los ojos y veo tus calles/Lo mismo…¡lo mismo que si fuera ayer!”.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 22 de junio de 2003