Una de las más grandes lecciones que nos dejó el senador Flores, es que nos demostró con hechos y palabras, lo que todos sabíamos. Es decir, que la clase política radicada en Santiago, sea de la Alianza o de la Concertación, sea de izquierda o de derecha, ve la región como una especie de trampolín para acceder a situaciones de mayores privilegios. Por lo mismo, la pedagogía y didáctica de Flores fue de un rigor y de claridad envidiable. El se mostró cual es. Y eso hay que agradecerlo.

Está claro que a ambos conglomerados le hace falta una real y efectiva descentralización. Me los imagino en Santiago con un mapa del país, distribuyéndose el territorio. Me temo que no todos han aprendido de la lección de Flores. El que pretendía ocupar su cargo, un señor de Santiago, leyó acertadamente la realidad y se marchó.

Lo anterior en el marco del cupo que debe llenar la Concertación para la cámara baja. Esta es una decisión que el bloque de gobierno debiera tomar en función de gente que conozca la región. Y cuando se habla de conocer no sólo se debe reducir a los aspectos objetivos de la realidad: población, economía, historia, etc, sino que a un conocimiento más profundo, y que de cuenta de las singularidades de nuestros habitantes. Un candidato debe estar avecindado en el territorio. Conocer sus claves más profundas, conjugar de modo creativo el pasado, presente y futuro. Empatizar con los nuestros más allá de los lugares comunes. Habitar la ciudad y sus alrededores de un modo sincero e integrarse a las prácticas socioculturales de una región que tiene su riqueza en su fuerte y dinámica identidad.

Hay que vivir el cotidiano de la región que se quiere servir. Lo demás son sólo buenas intenciones. Eso implica, entre otras tantas consideraciones,  tener a sus hijos e hijas en los colegios que tenemos, atenderse en los centros de salud. Significa enfadarse por lo que todos nos enfadamos y alegrarse con nuestros triunfos. Lustrarse los zapatos con los nuestros y mejor aún con don Hugo. Saber los puntos que calzamos es conocer la historia íntima de la región.

No hay que olvidar que esta región se ha hecho con los aporte de todos y todos. Entender que los migrantes que llegaron en la época del salitre, hicieron de este lugar su segunda patria. Ahí están los croatas tarapaqueños, los chinos tarapaqueños. por sólo nombra dos grupos en especial. Los que han optado por quedarse en estas tierras, lo han hecho por que  conocen y han gozado de nuestra hospitalidad.  Los tarapaqueños necesitamos de los nuestros, de aquellos que conocen nuestras miserias y grandezas, de aquellos que saben como se llamaba antiguamente la calle Obispo Labbé. Y eso no se aprende en el colegio, se aprende en la calle.

En fin, nos merecemos que los nuestros nos representen. Así y de ese modo podemos, en el caso que nos equivoquemos, pasarle la cuenta de todos los modos posibles. El centralismo es una forma de vida que hay que modificar. Darle más autonomía a las regiones, en todo el amplio sentido de la palabra, es el desafío.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 16 de agosto de 2009