“En Iquique el carnaval dura toda el año” escribió en 1908,  Francisco Javier Ovalle. Y le concedemos razón. Los nativos de este puerto cosmopolita hacen prácticamente su vida al aire libre. Es una vida social puertas afueras. Con la Zofri, y sus aportes tecnológicos, la música se escucha a todo lo que dan los parlantes. No hay día en el año, en el largo calendario ritual de los iquiqueños, que la música no los acompañe. Largas caravanas siguen a los recién casados; cuando Deportes Iquique nos hacía feliz, las bocinas inundaban las tardes del domingo; de marzo a julio, los bailes religiosos ensayan con sus bandas las mudanzas de celebración a la Virgen del Carmen; de mazo a mayo, la sociedad civil y la militar, se preparan  para rendirle culto al héroe de la Esmeralda. Y la Navidad no escapa a la condición  carnavalesca de los habitantes del puerto de las siete letras.

Iquique es quizás la única ciudad de Chile, donde la fiesta de la Navidad se celebra de un modo especial. Más o menos a partir del día 20 de diciembre, las diversas instituciones, pesqueras y empresas comerciales, arreglan sus vehículos, los adornan con diversas alegorías, contratan a un viejo pascuero, una banda de músicos y salen a entregar los regalos a los miembros de sus instituciones.

Varias instituciones se pelean el gesto fundacional de esta actividad. Algunos afirman que fueron los funcionarios de Correos y Telégrafos los que inventaron esta tradición. Otros dicen que fueron los pesqueros, que en plena bonanza  de la anchoveta se  lanzaron a las calles a recrear la Navidad. Sea como sea, este modo de celebrar ha seguido con la salud intacta, aunque los pesqueros ya no tengan el dinamismo de antes, otros han cogido esa bandera tan iquiqueña de echar a andar los renos por la calle Tarapacá.

Las calles se llenan de niños que corren tras el viejo pascuero pidiéndole pastillas que éste arroja acompañada de su risa arquetípica, y por supuesto vestido como lo aconseja la vieja tradición que, en el clima de Iquique, unos 23 grados como promedio, los hacen sufrir con el calor. La inocencia de los niños que en este puerto mall se pierde más temprano, a veces responde con insultos a la generosidad de Santa Clauss. Los más atrevidos le lanzan piedras. Cosas de niños.

Los carros, cada año se van vistiendo de forma tal, que van semejando carros alegóricos. La  navidad del 1989,  por ejemplo, aparecieron varios de ellos con figuras del Topo Gigo, de una máquina de ferrocarril. La influencia de la película de Spielberg “Parque Jurásico” puso sobre las calles a esbeltos dinosaurios.   Tulio Triviño se paseó por Iquique  este año que ya se va. Lo anterior nos recuerda las fiestas de la primavera de los años 35, 40,  donde la población local se sumía en fiestas populares llena de sentido comunitario. Habrá que esperar hasta el próximo año para inundarnos de viejos pascueros carnavaleros.

 

Publicado en La Estrella de Iquique, el  28 de diciembre  de  2003