Las así llamadas redes sociales son generosas en producir posverdades. No en vano se le asimila al rumor, ese invento de la sociedad, destinado a propagar por lo general, ideas falsas. Hay que leer lo que la gente postea. Un delito de cualquier naturaleza, remite a los colombianos, como sus autores. ¿Cómo se sabe si ellos son los culpables? ¿Cuál es la base de tal afirmación? Sin duda es el prejuicio y el racismo sobre el cual se edifica esa acusación. En las redes sociales no existe la presunción de inocencia. Son tribunales «populares» que procesan a la víctima, sin que esta tenga derecho a su defensa. La funa es la continuadora de lo anterior. El racismo se afirma en la generalización. Un afrodescendiente es automáticamente colombiano. Una ecuación errada por cierto. Y por lo mismo, es el que asalta, roba y mata. De allí que el racismo construya al Otro, en esta caso al colombiano, como el autor de todas nuestras desgracias y dolencias. Pero el racismo ha ido variando en la focalización de su odio. Ahora es el haitiano y mañana puede ser el dominicano, el venezolano o el cubano. Pero todos ellos debe tener como común denominador ser afrodescendientes.

Colombianos que mientras trabajan escuchan vallenatos, cumbias, salsa. Otros que leen a Alberto Salcedo Ramos, que hinchan por Deportivo Calí, son extranjeros expulsados de su patria por la guerra civil y el narcotráfico, que ven en Iquique, una posibilidad de llevar una vida en paz. Pero ya sabemos ser afro es peligroso, tal cual lo es ser pobre, como anunciaba Luis Advis en La Cantata Santa María de Iquique. La migración no es un todo homogéneo. Tampoco existe una migración buena y otra mala. El migrante tiene nombres y apellidos y nunca es ilegal.

La estigmatización sobre los colombianos no es una buena señal. Apuntar con el dedo y masificar tal conducta por las redes sociales es un acto irresponsable, por decir, lo menos.

A comienzo del siglo XX fueron los chinos y los indios, los que concentraban el racismo. Siempre son esos Otros, no rubios y no occidentales.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 11 de febrero de 2018, página 11