La fiesta de La Tirana, y que duda cabe, es el hito más importante de la vida religiosa y popular del norte grande de Chile. Acuden gentes de diversas latitudes. En esos días, la comunidad trinacional, andina en el fondo, se manifiesta en todo su esplendor. Por una semana, las fronteras de los estados nacionales, parecen diluirse para expresar un sentimiento religioso de larga data.

Desde fines del siglo XIX hombres y mujeres acuden a la fiesta. Sólo en tres oportunidades se han dejado de realizar. Y en todas ellas por motivos de salud. En el 1934 por el tifus exantemático y la viruela. El 1991 por el cólera y el 2009 por la fiebre humana. El año 1970, estuvo a punto de no realizarse. Esa vez no fueron razones de salud.

A lo largo de todos estos años la fiesta ha cambiado. Conforme la tecnología se ha ido masificando, las condiciones para establecerse en ese pequeño pueblo han ido mejorando.  En los años 50, por ejemplo, y según entrevistas a antiguos peregrinos,  la dieta alimenticia consistía en lo que el mercado regional podía abastecer. Productos de la región. Animales como llamos, alpacas, corderos, conejos, gallinas y patos. Un matadero que funcionaba con condiciones higiénicas cuestionables, permitía abastecer a la comunidad. Lo demás se complementaba con arroz y papas.  Los aymaras ofrecían sus productos como la calapurca.  Alimentos en conservas variaban el régimen alimenticio. Jugos de mote y/o huesillos ayudaban a saciar la sed. Hay que recordar que no existía el modo como congelar los alimentos, de allí que había que consumirlos en el día,  o bien, en el caso de la carne, convertirlo en charqui. El pan, por cierto, amasado y hecho en hornos inundaba la tarde con su olor. Se cocinaba además a leña o a parafina.  Las humitas, a la hora del té, eran sagradas.

Ha sido la Zona Franca, que ha contribuido de mejor modo, a la modernización  de la estadía en este pueblo. Desde la locomoción hasta la forma de acampar, pasando por la diversión como la TV, radios, dvd y  karaokes. Todo en su conjunto ha significado un mejor estar. Aparte por cierto de las mejoras que el Estado ha impulsado, faltando eso, si, el alcantarillado.

Comer hoy en la fiesta de La Tirana, más allá de la dieta familiar, es hacerlo en un ambiente de globalización culinaria, en la que la figura del pollo y la papa frita parecen ser los dominantes. Completos y churrascos completan el cuadro.  Comparar una foto de los años 50 con una actual, significaría advertir,  como en la actualidad los colores de ciertas gaseosas dominan el paisaje.  La vieja dieta tiraneña parece irse en retirada.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 18 de julio de 2010, página A-9.