Con la discusión de ciudad y patrimonio hemos cumplido tres conversatorios sobre temas de interés ciudadano. La primera versó sobre literatura,  la segunda giró en torno al teatro y la última, tuvo como común denominador, el patrimonio.  Una actividad organizada por la Fundación Crear y con el apoyo de la plataforma Nomadesert. ¿De qué se trata? Básicamente de generar un espacio para hablar sobre diversos temas, todo ellos bajo la idea central del territorio que nos alberga, en este caso la ciudad.

Al caer el sol, y en el viejo Iquique, de la  calle Ramírez, en el llamado barrio inglés de la ciudad, nos congregamos para hablar en voz alta acerca de nuestras preocupaciones ciudadanas. La falta de espacios para hacer teatro, la carencia de agendas públicas para ubicar la cultura en el centro del desarrollo, son aspectos que siempre rondan. Pero no es un ejercicio de la queja. Al contrario, y estos conversatorios lo demuestran, es que la conjunción de voluntades pueden dotar a la ciudad de espacios como lo que acontecen en Nomadesert.  Una franja ciudadana, de los peatones de la cultura que se movilizan para generar ideas y sobre todo, un espíritu. Actores de teatro, cantante, gestores culturales, arquitectos, sociólogos, profesores de historia, constituyen este núcleo básico que ofrece, por lo menos, una vez al mes, una instancia para dialogar. El que además se transmite en Internet en un registro on line “en vivo y en directo”.  Las redes sociales, donde se comunican estos eventos es el lugar para enterarse del próximo encuentro.

Pensar, sentir y vivir la ciudad, patrimonio, identidad, plano regulador, falsos históricos, jaula de la melancolía, ministerio de la Cultura, dirigismo cultural, fueron algunos de los ejes de esa conversa mientras la noche nos arropaba. Se preguntó cuál era el edificio más kitsh de la ciudad. Y así. Un espacio, casi como el linving de la casa, pero sin televisor encendido, con fotografías de ese otro Iquique que pasaban y pasaban como una vieja película.  Carolina González, le puso la banda sonora al conversatorio, “Ciudad traicionera”, funcionó como un dispositivo y ecuación mujer/ciudad. El engaño, la mentira, el amor y el olvido en un plano urbano con plaza pública y corazón palpitando… “La Consentida” y “La Reina del Tamarugal” para cerrar el círculo de una ciudad que por temor al futuro, ha hecho de la  nostalgia, una estación más larga que los veranos de antaño.

La democracia se afirma sobre el disenso y también sobre la belleza. La cultura y las artes, con ministerio o sin él, siempre se la ha arreglado para encontrar un lugar, diferente a los dominantes, para afirmar tal o cual valor. Estos espacios ciudadanos, como el ya reseñado, sirven para mirarnos a los ojos y en soñar con una ciudad amable, bella y hospitalaria, como esa que Gilberto Rojas nos regalara en los años 60.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 5 de junio de 2011, página A-9