La reflexión sobre el cuerpo en las ciencias sociales, data de hace más de cien años. Pero sólo a partir de la década de los 80 del siglo pasado se ha constituido en una tema propio del quehacer de la sociología, historia y de  la antropología.  Aparte de ser un hecho biológico el cuerpo es una entidad que habla por si sólo. Sobre él, la familia, la escuela y el barrio, dejan impresas sus huellas.

Lo anterior viene a colación por la realización del seminario “Cuerpo y sociedad, mirada desde las ciencias sociales” que realizó el Instituto de Estudios Andinos, Isluga, de la Universidad Arturo Prat.  Ello  viene a demostrar el interés que por este tema, tiene la academia. Y no es sólo una preocupación académica. Ni mucho menos.

El seminario se ordenó  en base a cuatro conferencias. La primera del sociólogo Alexis Sossa permitió, a través del pensamiento de Michel Foucault, entender el porque la centralidad por este aspecto de los seres humanos. El poder, la disciplina, el control, son ejes que permiten, además del consumo, construir una imagen ideal del cuerpo. Bernardita González, en un adelanto de su tesis de grado, establece las relaciones entre parto y poder. O sea, de cómo la ciencia médica, despoja al cuerpo de la mujer de todo tipo de poder, para así manipular el nacimiento del hijo o hija. La ciencia médica, convierte en un ente pasivo a la futura madre.  Por su parte, el historiador Patricio Rivera Olguín, trató el tema de los componedores de huesos, que en el barrio popular tienen un gran aceptación. Describe con gran precisión el oficio y lo vincula con la Edad Media, época de grandes sanadores. Las manos además de ciertas pócimas y ungüentos, han de traer la calma. Verbos como sobar son claves en estas prácticas. Finalmente me correspondió establecer como el trabajo, el ocio, la religión popular, entre otras mediadores, construyen y modelan cuerpos populares y masculinos. A  modo de ejemplo, el campesino se transforma en proletario por mediación de la industria del salitre, y de paso crea las condiciones para el desarrollo de un cuerpo deportivo.

La enseñanza de la educación física por mucho tiempo se basó en la premisa “Mente sana en cuerpo sano”. Y por lo mismo, proclamó un cultivo del cuerpo, como si fuera independiente de la mente. Hay que recordar que ambas son una unidad indisoluble.

El ideal de un cuerpo autónomo, surgió en los comentarios como una meta a alcanzar. Un cuerpo libre de las inscripciones médicas o nacionalistas, entre otras, parecer ser una utopía. Como corolario de lo anterior, bien vale la pena traer a colación a Eduardo Galeano, quien en un oficio de síntesis en su poema “Ventana sobre el cuerpo”, escribe: “La iglesia dice: El cuerpo es una culpa/ La ciencia dice: El cuerpo es una máquina/  La publicidad dice: El cuerpo es un negocio /El cuerpo dice: Yo soy una fiesta”.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 22 de noviembre de 2009