Anunciaron su viaje. La prensa hizo el resto. Sabía de ellos. En  la ciudad de Concepción se hicieron conocidos por su protesta contra el barrio rojo de esa ciudad. Precisemos contra el barrio rojo pobre. Al parecer el pecado de los ricos no les interesa. Después de todo lo dice Jesús: “Bienaventurados los pobres…”.  Fueron también a Río de Janeiro en época de Carnaval. Ahora vienen a la fiesta de La Tirana. ¿Quienes son?

Son grupos radicalizados que se atribuyen, por mandato divino, la misión de expulsar a los fariseos del templo. En otras palabras, son grupos enmarcados en la tradición protestante, y que se nutren de cierto fundamentalismo religiosos, desarrollado sobre todo en los Estados Unidos. Están convencidos que su fe es la única, la correcta, y que todos aquellos que no piensen como ellos, están equivocados, son paganos, pero que pese a eso, tienen la posibilidad de convertirse.  La Biblia es su fuente de inspiración. Pero la lectura que hacen de este texto, es literal, sin interpretación histórica, sin  consideración a las coordenadas culturales, menos aún a planteamientos que hablen del mestizaje religioso.

Uno de los elementos distintivos de este tipo de grupos, es su intolerancia religiosa. Todo aquello que no pase por el molino de su doctrina, es paganismo o idolatría. Todo aquel que no profese sus puntos de vistas está equivocado, vive en la ignorancia, en la oscuridad.  Utilizan un lenguaje cargado de elementos violentos que busca disminuir al otro, al que vive honestamente su fe de un modo distinto.

Llegarán a predicar a la fiesta de La Tirana. Con la Biblia en la mano y la “verdad” en la boca, trataran de hacer entender a los miles de peregrinos que su religión está errada.  Conjugarán salmos, proverbios y ejemplo de la vida de Jesús. Hablarán del pecado y de la felicidad en la otra vida. Enfatizarán que el hijo de Dios,  es el enviado y que nadie más puede ocupar su lugar. La Virgen del Carmen,  la “china”, dirán,  es un error producto de la superstición. Lo demás lo verá usted con sus propios ojos.

El peregrino por su parte, dueño de un sentido común religioso,  acostumbrado a la adversidad y a los malos tratos por parte de las élites de todo tipo, responderán no con argumentos teológicos ni citas bíblicas. Propietarios de una teología más sencilla, escucharán y comprobarán que ellos también aman al hijo de Dios, pero que también le deben a su Madre  respeto y devoción. La fiesta es de ella.

David no se enfrentará a Goliat.  El pueblo alzado en la fe, no es el gigantón filisteo  bíblico. Los peregrinos tienen los ojos de la fe abiertos a los problemas del mundo y sobre todo vive su fe, sin tenerla que convencer a otros que la suya es la mejor. A lo mejor, están convencidos de ellos, pero no precisan hacer ostentación. A lo mejor, la seguridad de su fe, los hace caminar con humildad a los brazos de su “china”.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 6 de julio de 2003