La historia de Iquique puede ser vista también como la pérdida paulatina de los espacios públicos, orientados al desarrollo de la sociabilidad. La inexistencia de clubes sociales, sedes sociales, y sobre todo de lugares como plazas es sintomático de lo que afirmo. Es bien sabido que en estos lugares es donde se desarrolla una vida social que hace posible que los vínculos sociales se fortalezcan. La plaza por ejemplo, han perdido el sentido que hace unos cuarenta años atrás, tuvo.

La Plaza como un lugar por excelencia de la sociabilidad, nos remite a una ciudad, que se reencuentra a si misma, un espacio donde es posible reconocer y encontrar al prójimo, coordenadas de tiempo y espacio, en la que la gente, expresa su condición social y económica. La plaza, fue también el foro, donde se realizaban las concentraciones políticas, el sitio para el diálogo y la confrontación de ideas. Sin embargo, la condición clave para estar en ésta, es asumirse como  ciudadano. Es decir, poseer derechos y deberes, y sobre todo una preocupación por los problemas públicos. En otra palabras, tener vocación política.

En el otro extremo, el Mall, es el nuevo espacio de la sociabilidad. Parece reemplazar a la plaza. Es,  en palabra de Marc Auger un no lugar. Un sitio donde el anonimato es la clave, y en la que el uso que se le da,  tiene que ver más que nada con el consumo. Nadie va a este lugar a preocuparse por la cuestión social. La motivación es otra. El Mall parece una ciudad en miniatura, en la que es posible encontrar de todo. Desde la farmacia, librería, restaurante, casa de discos, servicios higiénicos, etc.

La ocupación masiva  del Mall expresa el descrédito en que ha caído la Plaza. En algunas poblaciones, la gente se opone a la creación de esta última, por el uso que se les da. En las noches, son habitadas por pandillas. Y esto sucede por algo que insinuamos: el desaparecimiento de instituciones como clubes deportivos, que operaban como controladores sociales de estos espacios.

El tránsito de la Plaza al Mall es también el paso de una sociedad moderna a una postmoderna. Si antes la plaza era el lugar del encuentro, ahora es el mall.  Este último es, en alguna medida, la transfiguración de la Plaza. Entre ambos hay continuidades y rupturas. Sin embargo, el espíritu de la plaza no está presente. Y no lo está por lo mismo que el paso de la primera a la segunda, es el paso del ciudadano al consumidor.

Sin embargo, lo anterior, aún es posible resignificar y reutilizar esos espacios. Perdidas las plazas, ya sea por su escaso cuidado y por el cambio radical que se les hizo, es el caso de nuestra centenaria Plaza Prat,             el mall aparece como el único lugar para el encuentro. El tema es pues, apropiarse de él. Comprar y preocuparse por las cuestiones públicas no tiene porque ser contradictorio.