Me llama la atención, cada vez que peregrino por las calles de Iquique, sorteando perros, hoyos y otros accidentes,  los letreros que la gente pone para anunciar los más diversos oficios y menesteres. Son las decenas de estrategias de sobreviviencia que se diseñan para ganarse la vida. Son avisos simples que sólo buscan anunciar lo que se vende. O bien reclamar lo que se le debe.  Aquí van algunos.

En las esquinas del antiturismo, es decir, en Obispo Labbé con Bulnes, en los parabrisas de lo que queda de aquello que alguna vez fue un automóvil, alguien escribió “Debe Grúa”. Y más abajo agregó el nombre del dueño de esa herramienta. En esas calles, ese rayado es cosa común.

En el edificio de Carabineros, que debe tener el antejardín más inútil que exista, por la calle que alguna vez se llamó Tacna, el césped se seca que da gusto. Si el alcalde de Iquique fuera el señor Labbé de Providencia, todo el personal de esa repartición pública tendría que estar preso. Por la calle Bulnes, existe otro letrero, tan curioso como tantos otros. En una puerta dice:  “Debe permanecer cerrado”. Al inicio y término de la frase hay dos signos de exclamación como queriendo decir que es una orden. El día y a la hora que usted pase por ahí, el portón está abierto, de par en par, como las mamparas de las casas de ese Iquique que sólo se recuerda.

Existen los más clásicos. Por ejemplo: “Se dan viandas”. Y no es que se den, se venden. Y lo que se vende no son viandas, son platos de comidas. Las mismas  que el Chilenito (Ernesto Béjar, así se llamaba)  paseaba por las calles de Iquique.  “Cuántas Chilenito”. “Cuatro al hilo” respondía, el sinvergüenza y mentiroso.  Otros por el estilo: “Se hacen zurcidos invisibles”, algo que era monopolio de las monjas del Buen Pastor. Eran tan delicado el trabajo que no se advertía el arreglo. O el otro: “Se colocan objetillos”. Y podemos seguir: “Se venden ‘abujas’”, o bien: “Aquí se hacen los ricos alfajores de Pica” puesto en una ventana, en el barrio El Morro. Letreros sin su falta de ortografía no puede ser tal.  (Pidale a un maestro albañil que le haga un presupuesto, y se dará cuenta porque Miguel de Cervantes y Saavedra no sabe poner una cerámica).  Hubo un personaje que no pudiendo escribir en la pizarra con la que se presentaba el menú: “Bistec (¿es con “b” o con “v”? se preguntaba) con arroz”. No halló mejor forma que anunciar: “Carne frita con arroz”.

Antiguamente se ponían letreros como “Se estiran huinchas de catres” o bien “Se peinan colchones de lana”. La peluquería de Carlos Viollo, “Parisien” anunciaba: “Constantemente  en venta el Shampoo y extirpador de la caspa Poponax”. Don Policarpio Fernández vendía en grandes cantidades: vidrios, sunchos, y…  huesos”.

Desde se “Ponen inyecciones” a domicilio hasta el “Debe Grúa”,  Iquique se la sigue arreglando para ofrecer públicamente sus mejores servicios. Aún somos una ciudad con alma aunque con mala ortografía.