Mayo es el mes más chileno para los iquiqueños. Y con justa razón. Su partida de nacimiento bajo la bandera tricolor se fecha a partir del 1879. Los que nos visitan les llama la atención los sonidos marciales que desde marzo inundan la ciudad. Son jóvenes globalizados que viven el nacionalismo a través de la pertenencia a las bandas. En el pasado se lugar lo ocupaban las brigadas pre-militares. La “Carlos Condell”, “Los Cóndores” y la “Hernán Trizano”. Ignoro por qué y cuándo desaparecieron. Mi buen amigo Jorge “Laucha” Rivera Astorga, pertenecía a la segunda de las nombradas. A pesar de su corta estatura, encontraba las mañas para exhibir su marcialidad. Lástima que no guarde fotografía de ese período.
 
Desfilar es el acto ceremonial de los iquiqueños por excelencia. La mitad de la ciudad observa a la otra mitad que saluda al héroe del 21 de mayo. Sigo afirmando que son tres los ejes de nuestra identidad: bailar, desfilar y jugar. La Tirana, el 21 de mayo y cada domingo en cualquier cancha. Con uniformes y siendo el cuerpo el sostén fundamental. Elegancia, marcialidad y buena presentación, son los ejes de tal conducta.
 
Desfilar es un acto recordatorio. Es la memoria actualizada. Es la puesta en escena del proceso de chilenización que nunca termina. Mayo, es el mes en que la patria, no en vano es madre-patria, multiplica sus dones nacionalistas. La bandera al tope, y las mil veces repetida arenga de Prat se convierte en una especie de padrenuestro. Una cuenta más del inmenso rosario con que la patria se celebra a si misma.
 
Desfilar es un acto de integración social, un modo distinto de usar el espacio público; una manera de reconocernos todos bajo la épica de Prat y de sus hombres. Desfilar iba acompañado años atrás, de pintar la fachada de la casa y de estrenar “pinta” nueva. De tomarse un refresco y un pastel en el Diana.
 
Nada de eso queda. Pero el desfilar se mantiene como el ritual recordatorio de que ahora somos chilenos.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 20 de mayo de 2012, página 25