Puesto en la balanza de las celebraciones, sin duda alguna que el día de la Madre, pesa más, mucho más, que el día del Padre. Esto no es una queja. Es una constatación. Y ella parte del lugar central que la figura materna ocupa en el imaginario colectivo de América Latina, por no decir de todo el mundo. Es domingo, no hay que exagerar.

Los presos se tatúan en los brazos: “A mi madre”. Leo Dan canta: “Todos tienen una madre, pero ninguna como la mía”. El peor insulto es sacarle la madre a cualquier hijo de vecino. “Madre hay una sola”, exclama el refranero. Silvio canta “madre necesitamos de tu arroz”. Y suma y sigue. La primera palabra que pronunciamos se parece al sonido de esa figura.

La maternidad es biológica, la paternidad es cultural. La relación madre e hijo se sustenta por la sangre (las madres tienen instintos, dicen por ahí), la paternidad es cultural. Y su definición tiene que ver con la cercanía y el apoyo económico. El niño o niña, tarda en darse cuenta quien es su padre. No sucede lo mismo con la madre. Siempre está la certeza, aunque las pruebas del ADN, han ayudado a asumir responsabilidades. Hablo del padre que no asume. Hay escuelas para padres, aunque sólo asistan mujeres.

Por ello y por otras razones más, el día de la madre moviliza a toda la sociedad. El del padre es un saludo a la bandera. El otro lado de la moneda, el lado menos amable y menos festivo. ¿Cuántas canciones hay dedicada al padre? Aparte del “viejo mi querido viejo” de Piero, tal vez la más conocida, no hay muchas más. Luis Eduardo Aute tiene una preciosa. ¿Pero quien conoce al español nacido en Filipina. Un fragmento: “Padre, hoy daría lo que fuese, porque mi mano y mi mente, sean capaces de sentir, lo que una escribe, y escribir lo que otra siente”.

A la hora de la contabilidad de los afectos y de la otra también, la madre gana y por goleada. La vieja o como quiere que se le llame, inclina la balanza a su favor. Para ella todos sus hijos son inocentes, aunque estén confeso de las peores barbaridades. El padre no tiene por donde competir. Peor aún si trata de uno que se ausenta de sus deberes. Hay más malos padres que malas madres. Ser madre es casi equivalente a ser buena. Aunque hay desnaturalizada que no alcanzaron, en la distribución de los “instintos” su porción.

En este domingo la cadencia de la canción de Piero nos acompañara con su tranvía y vino tinto. Arturo Millán cantó en su época “mi papá mi amigo”, pero no encalló en el imaginario como la del argentino con aires de intelectual sesentero. Lo bueno de este domingo opaco y tal vez frío (escribo en un martes por la noche), es que el deporte rey se apoderará de la pantalla de TV. Que mejor regalo que un buen par de partidos. Eurocopa y eliminatorias. Como para no levantarse y soñar que Bielsa nos entrega, de hombre a hombre, un triunfo.

A mi padre, un saludo desde estas canchas de tierra. Y una mala noticia, el Colo Colo no fue penta-campeón.

 

Publicado en La Estrella de Iquique, el 15 de junio de 2008