Gracias a la investigación que estamos realizando en la Universidad Arturo Prat sobre la identidad regional de Tarapacá, y que cuenta con el apoyo del Gobierno Regional y de la Subsecretaría de Desarrollo Regional, hemos ido encontrando diversos aspectos sobre nuestra variada y rica manera de identificarnos. 

Uno de esos elementos tiene que ver con ciertos iconos naturales que con el paso del tiempo se van transformando en más que eso.  Uno de ellos, es el cerro Dragón. La primera mención que tenemos de estas dunas se la debemos a los estudios del irlandés Antonio O’ Brien. Por mucho tiempo esta duna operó como un símbolo fronterizo que delimitaba el fin del casco urbano de la ciudad. Una especie de más allá, una metáfora hecha realidad de aquello que se conoce como el lugar “donde el diablo perdió el poncho”.  El Che Guevara en sus diarios también lo nombra en  relación a como se ve Iquique cuando se bajaba arriba de un camión. Una especie de viaje en alfombra voladora. Hoy esas dunas han perdido el protagonismo. El desorden urbano prácticamente se lo tragó.

En los años 80, en pleno boom de Deportes Iquique, se empieza a usar la denominación “dragones celestes”. No sabemos con que certeza cuándo y menos quién inventó esa nueva forma de identificarnos. Y menos aún cuando esa duna se empezó a simbolizar en la figura de un dragón.

Lo llamativo el caso es como un cerro, en este caso, logra identificar a una ciudad por mediación del fútbol. Y más aún como se entronca con el imaginario oriental en la que las referencias al dragón abundan.

Nuestros vecinos hayan en otros miembros de la fauna su identificación. En Arica son los delfines celestes, en Calama, los zorros del desierto,  y en Antofagasta, los pumas. Esta forma de simbolizarse nos remite a una tradición muy antigua, en que los pueblos nativos, se identificaban en la figura de un tótem, sea una planta o un animal.

La expresión dragones celestes, una forma de narrar quienes somos, sólo es posible en la medida que exista un colectivo capaz de generar un discurso narrativo tomando del entorno, su inspiración. Demuestra además que la identidad al igual que las tradiciones se inventan. Y esa es su fortaleza. La identidad precisa de actores creativos que realicen invenciones, pero éstas deben plausibles, creíbles.

La imagen del dragón como símbolo de nuestro equipo de fútbol es mas bien la de un animal amable. Esto contrasta con la del dragón de Deportes Iquique. Aquí aparece más agresivo, denotando más garra y  un espíritu indomable. ¿Nos hará falta recuperar al viejo dragón?

Por ahora la comunión entre el Cerro Dragón y la práctica del fútbol demuestra cómo un recurso natural, puede movilizar energías morales y sico-sociales. Pero para operar este paso, se precisa de un grupo social capaz de articular y de leer nuestro pasado y actualizarlo.

Publicado en La Estrella de Iquique,  el 30 de agosto de 2009