La escritora Isabel Allende tiene  un nuevo libro. Se llama “Mi país inventado”. Son una serie de crónicas sobre Chile escritos desde la lejanía. Es un intento por construir e inventar el país a través del recurso del recuerdo y  la nostalgia.

Sin embargo, es un libro que hiere la sensibilidad de los nortinos, y sobre todo de los iquiqueños.  En el capítulo “A dios rogando” escribe sobre nuestra máxima celebración religiosa, la fiesta de La Tirana.  Para no faltar a la verdad cito textualmente: “En verano se celebra su fiesta en el santuario cerca de la ciudad de Iquique, en el norte, donde los grupos de devotos bailan en su honor. Se parece un poco a la idea del carnaval brasilero…”. Se nota pues la falta de rigor.  En verano, se celebra la pascua de los negros. La fiesta de la Tirana, y no está más decirlo, es el 16 de julio.  Comparar el carnaval carioca con el culto a la virgen del Carmen, no tiene por donde. Pero eso no es nada. La autora de “La Casa de los Espíritus” agrega a continuación:  “Las escuelas de bailes se preparan todo el año ensayando las coreografías y fabricando el vestuario, y el día señalado danzan ante la Tirana, disfrazados por ejemplo, de Batman”. ¿Desconocimiento, burla? Quiero pensar lo primero. Sin embargo, a una autora de la talla de Isabel Allende, lo menos que uno le quiere pedir es seriedad. ¿De dónde obtiene sus fuentes de información? Lo mismo se le pide a la editorial. No que corrija estilo, pero si que se resguarde de avalar juicios despectivos e ignorante sobre nosotros, los nortinos. A la editorial Sudamericana le pedimos seriedad.

Como si lo anterior fuera poco, agrega: “Las muchachas se ponen escotes reveladores, minifaldas que apenas le tapan el trasero y botas con tacos altos. No es raro, por lo tanto, que la Iglesia no propicie estas demostraciones de fe popular”. Al terminar de leer este texto uno piensa que Isabel Allende sacó esta crónica del baúl donde guarda sus “Civilice a su hombre” que publicaba en la revista Paula en los años 60. Aún así, la mayor fiesta religiosa de este país, que la Allende inventa, nunca fue como ella cree que fue. Todo lo que he citado está en la página 83 del mencionado libro.

Bien haría nuestra buena escritora en escribir solamente de aquello que  conoce.  Más aún si se trata de un libro de crónicas. Pero este defecto centralista no es sólo de ella. Otros, han dicho casi las mismas barbaridades respecto a nuestra festividad religiosa. Es el caso de Enrique Lafourcade, por ejemplo. Están también los acuciosos, los que preguntan para después escribir. Pienso en Roberto  Castillo o en Denisse Astoreca por sólo nombrar dos.

El libro más que llamarse “Mi país inventado” debería titularse “Mi país desconocido”.  A doña Isabel Allende habría que hacerle una vaca para que venga el 16 de julio a conocer por dentro nuestra fiesta. Yo me pongo con los pasajes… en bus, para que sepa de alguna manera,  lo que es peregrinar. 

Publicado en La Estrella de Iquique, el 13  de abril del 2003