Así como en el Oráculo de Delfos se proclama a su entrada “Conócete a ti mismo”, que el sabio Sócrates llevó a su máxima expresión, a la entrada de los clubes deportivos se puede leer: “Aquí de religión y de política no se habla”. Por cierto que este letrero no existe, pero si su espíritu.

Se sabe que estos temas dividen. Lo que no significa que cada uno de sus socios o socias tenga su religión y su opinión política. Es el modo que tienen estas instituciones de sostenerse en el tiempo, evitando que su membresía se desgaste en discusiones, a veces, estériles.  Sin embargo, hay muchos clubes deportivos que tienen nombres ligados a la religión. Por ejemplo, la Universidad Católica. Los de la Chile se define como laicos, pero los crucifijos, a sus jugadores, les cuelgan de sus cuellos, como si nada. Es que la religión es más profunda que las declaraciones de principios, a menudos racionales. En nuestra ciudad son muchos más, San Carlos y Estrella de Chile en el barrio norte, por sólo nombrar dos. En el sector sur, el club Rubén Donoso, tributa la memoria de ese cura salesiano que hizo compatible a Dios con la práctica del fútbol.

Pero la relación de la religión con el deporte no se puede evitar con declaraciones de principios. Baste ver a los jugadores entrando a la cancha, ya sea con el pie izquierdo o con el derecho (para unos, el primero da mala suerte, para otros no, en fin), o bien los árbitros persignándose,  o ahora último con la explosión de la religión evangélica, Atletas por Cristo, hay players que levantan su mano al cielo y oran a Dios. El mundo del deporte, sobre del fútbol, dejó de ser monopolio del catolicismo.

Hasta hace un par de temporadas atrás, nuestro ex Municipal Iquique, usaba como tenida alternativa una de color café, en clara alusión a la virgen del Carmen.  Ya lo sabemos los colores de nuestra identidad, según la ocasión,  transitan del café al celeste. Una normativa, según me soplan, prohibió el uso de tal indumentaria alegando las incompatibilidades entre religión y política. Se decía  que sucedería si un jugador que profesa la religión evangélica, se negará a ponerse tal atuendo. Algo de razón hay en ello. En la tercera división, en un partido clave juega Iquique con el equipo evangélico Hosanna. El siempre asertivo Pedro Lobos, instaló en Pedro Prado un letrero en que anuncia el pleito aquel, y más abajo en una endiablada caligrafía pedía: “Diosito ahora ayúdanos a nosotros”. Más allá del ingenio, el recauchador pedía que la voluntad  de Dios se inclinará a nuestro favor. Y lo hizo. Y se le agradece, y como escribí aquella vez ganamos por  marcador bíblico.

Los clubes de barrios le cierran la puerta a la religión y a la política, pero en sus corazones habita Dios y sus ideas acerca del buen o del mal gobierno. Hay que tener cuidado eso si, con los apolíticos, porque como ya lo dijo, Francisco Umbral, siempre terminan votando por la derecha.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 30 de enero de 2011, página A-9