Pocas veces se presta atención al lugar que los recintos deportivos juegan en el desarrollo urbano.  Hay quienes analizan el crecimiento de la ciudad de acuerdo al tipo de edificaciones deportivas que existen. Además claro está de la  representación simbólica que los estadios tienen para los gobernantes de turno.

La construcción de estadios es un hecho político. Tiene por ciertos otras aristas, pero ayuda a que los gobiernos, aumenten su legitimidad. Cuando Uruguay organiza el primer mundial de fútbol, el año 1930, tiene la oportunidad, gracias a ese deporte, de alcanzar visibilidad mundial, que tal vez no lo hubiese tenido sin la organización de ese evento.  La dictadura argentina hizo lo posible, y lo consiguió,  para organizar el suyo en el año 1978.

Los estadios son una representación simbólica del Estado y de la sociedad. Y si de fútbol  se trata, esta representación es mayor aún. Pero siempre el Estado y el poder que le acompaña, debe guardar una distancia prudente entre deporte y política. De allí que el uso como campo de concentración del Estadio Nacional, en la década de los años 70, desafió todas las consideraciones ética imaginable en un país como el nuestro. (Violar los derechos humanos es algo inadmisible en cualquier parte del mundo).

La construcción de estadios, opera además, en algunos países, como un símbolo de la modernidad que se quiere alcanzar. En los años 30, se empieza a construir el Estadio de Cavancha. Y sigue esa lógica de una modernidad que, en este caso, tiene que ver con el uso masivo de los deportes. La estación de trenes, abandonada a su suerte, en la calle Sotomayor, juega ese mismo rol. El ferrocarril y el fútbol, son el cara y sello de una misma moneda, la de la modernidad introducida por los ingleses.

Es posible observar, por ejemplo, el desarrollo urbano de la ciudad de Buenos Aires, a través de la construcción de estadios. Lo mismo sucede en Madrid y en otras ciudades donde este deporte ha calado fondo. Los usos políticos de los mismos es evidente. Gran parte de la popularidad que goza la ex mandataria, Michelle Bachellet, tiene que ver con  la gestión modernizadora de los recintos deportivos en un país, como el nuestro, que lucha por inscribirse entre los grandes del fútbol mundial. Brasil, ya los sabemos, dijo otra cosa.

En el caso de Iquique bien se podría señalar que a medida que la población crece, han decrecido los recintos deportivos. Y además, como el caso de la Casa del Deportista, han perdido, por su nueva ubicación su centralidad. No en vano, cuando estaba en Tarapacá con Vívar, congregaba al mundo deportivo. Por lo mismo, y a modo de ejemplo, la construcción del recinto del Corona School, viene, en parte, a remedar esa grueso error. Bueno sería que otros empresarios y grandes empresas invirtieran en instalaciones deportivas de calidad.  

Publicado en La Estrella de Iquique, el 4 de julio de 2010. Página A-9