A comienzos del siglo XX, Iquique era conocido como la  “fábrica de locos”. Así nos lo hace saber el cronista Fray K. Brito, cuyo verdadero nombre era Fernando Loayza. Tal nota está en su libro “La provincia de Tarapacá 1912-1913”, editado por EDW. E. Muecke, en nuestra ciudad. Todo ello en el año 1913.

Lo de la fábrica de locos, tenía que ver con la gran cantidad de personas que eran encerradas en el hospital por problemas médicos. Una de las causas principales de tal encierro era la afición a la bebida alcohólica que tenían los hombres de entonces.

Ya a fines del siglo XIX, otros cronista, esta vez el autor de la Historia de los Bomberos, decía que Iquique, era la ciudad que más consumía, per cápita, alcohol. El vino y la cerveza eran las bebidas más apetecidas. Dimas Filgueiras, el autor del libro, muestra incluso algunas estadísticas.

El alcoholismo, la peste bubónica, la prostitución entre otros males, eran las constantes en una ciudad que crecía al ritmo de la explotación del salitre. El Estado, tenía entonces una presencia débil. Para la época, el tratamiento de enfermedades tales como el alcoholismo, pasaba casi necesariamente por el encierro obligado. El consumo excesivo del alcohol no era sólo privativo de la clase trabajadora, los que vivían en Baquedano, según narra el autor de la novela “Tarapacá”, también practicaban lo que el humor bautizó como “rayuela corta”.  El whisky en el Club de la Unión, era casi el pan de cada día. La novela “Un perdido” de Eduardo Barrios también desarrolla ese tópico.

Las duras condiciones de vida de los trabajadores, el desarraigo, entre otros factores, podrían en parte explicar la afición al vino y a la cerveza. Las miles de personas que bajo engaño o por propia voluntad arribaron a la ciudad y a la pampa, debieron vérsela con la soledad. Ya se sabe los migrantes sufren por la ausencia de su hogar y de sus familias.

Tanto anarquistas como comunistas, luchaban por educar a las masas populares para liberarlo de este azote que no le permitía ver las verdaderas causas de sus males. La labor del periódico “El Despertar de los Trabajadores”, era precisamente hacer conciencia de tal situación. Lo mismo hacía la iglesia católica, masones y otros grupos de ayuda. Fray K. Brito insiste en el rol de la prensa obrera para orientar al proletariado de la época.

Da información de primera mano sobre el número de internados. Manifiesta que los asilados por causas del alcohol, en el año 1910 son superiores al del año anterior. Y ello, dice por que aumentan las fábricas de bebidas alcohólicas en la ciudad.  Hoy otros males, hacen que Iquique, se empine sobre el promedio nacional.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 15 de noviembre de 2009