Las ciudades modernas para ser tales no sólo precisan, plazas públicas, teatros como el Municipal, estadios, calles amables y avenidas limpias, plano regulador que como su nombre lo indica, debe normar el crecimiento de éstas, sino que también debe tener su festival de Cine.
Los antofagastinos lo han entendido muy bien. Esta semana que se nos fue ha concluido  la cuarta versión del Festival de Cine Internacional de Antofagasta. De allí la sigla Ficiant. Un programa extenso y con visitas ilustres. Entre ellos Patricio Guzmán, autor de la “Batalla de Chile” y de los mejores registros sobre la Unidad Popular. Estudiosos y críticos del séptimo arte, han llegado a la tierra de Mario Bahamonde y de Andrés Sabella, para debatir y ayudar a construir la cinematografía del norte grande.  Además del peruano que llevo al cine la novela “Pantaleón y las visitadoras, Francisco Lombardi.
Han sido apoyado por el FNDR a través del 2% y por el Concejo Municipal, es decir, por entes del Estado que apuestan por construir un polo de desarrollo regional en la que la cultura sea uno de sus motores. La construcción de una imagen ciudad, o como a algunos le gusta, de marca ciudad, parte por “apropiarse” de eventos, tal como lo hizo Valdivia con su festival. Esta ciudad, “la perla del norte” tiene sus antecedentes en la cinematografía. Baste recordar el trabajo de Adriana Zuanic, una protagonista activa de ese movimiento. Otros nombres como el de Omar Villegas no han cejado de trabajar por el audiovisual.
Por lo anterior, da por lo menos, envidia sana, si es que existe eso, cuando se piensa en nuestra ciudad. ¿Para qué somos buenos los iquiqueños? ¿Cuál es nuestra marca como ciudad? En el deporte tenemos un nombre bien ganado, y de vez en cuando, reactualizamos esa historia.  Y no es que no haya talentos. Los hay. Pero lo que no existe en una política sostenida en el tiempo que nos permite tener una marca. Tal vez nuestros jóvenes músicos que estudian en Europa puedan  trasformar a esta ciudad en una pequeña Viena o Praga. ¿Suena ambicioso no? Pero no habrá proyectos si no lo ubicamos en una meta mayor. Antofagasta, y lo dijo su intendente y su alcaldesa,  quiere llegar a ser, con su festival, como el del Mar del Plata o San Sebastián. Incluso, se habló de Cannes.
Pero a los sueños y a los deseos, hay que meterle ingeniería, diseño y amor. Y dinero. Y la ciudad lo tiene. Los mecanismos existen. Uno de ellos la Ley Valdés,  pero sobre todo se precisa abrir la mirada y no quedarse atrapado tan sólo en la historia militar de la región.  Tarapacá es multicultural, y los diversidad siempre ha sido nuestra mejor carta de presentación. Hay buena capacidad en la música no sólo de raíz sino que también en el rock y en la jazz (pregúntenle a Francisco Villarroel). En fin, la Antofagasta dormida despertó hace mucho de su letargo. Y en este Ficiant 2010, se comprobó una vez más.

 

Publicado en La Estrella de Iquique, el 14 de noviembre de 2010, página A-9