La historia de la fotografía en Iquique es algo que necesita ser pesquisada. Y no por simple curiosidad, sino por otra razón. Esta tiene que ver con el hecho de que la modernidad iquiqueña, dinamizada por la actividad del salitre, nos puso frente al lente del fotógrafo de la noche a la mañana. Las antiguas fotografías que aún es posible encontrar nos hablan de una ciudad que se empieza a construir casi de la nada.

Muchas de éstas a su vez, sólo nos remiten a una ciudad que podía ser capturada por el lente. En otras palabras tenemos fotografías del centro de la ciudad, pero no de sus márgenes. La aristocracia local, si es que la hubo, no se inhibió en posar para esa máquina milagrosa que nos devolvía la imagen  aprisionada en un papel.

No hay fotos por ejemplo del circo que se instaló en la plaza Montt en diciembre de 1907. Pero si hay muchas del Palacio Astoreca, del club de la Unión y del Teatro Municipal. Tampoco las hay de las humildes casas del barrio El Colorado, el Morro o Cavancha. Felizmente las sedes sociales de clubes deportivos como el  Maestranza,  la Academia de Educación Física, aún conservan imágenes de sus players y de sus equipos. Pero, los más humildes no cuentan con esos registros.

Con las personas pasa lo mismo. Y lo era no por abundancia de pudor, sino que simplemente porque no era barato tomarse fotografías. Y cuando los pobres lo hacían tenían que recurrir a los salones especializados, ponerse sus mejores atuendos y posar. Habían muchos salones que ofrecían esos servicios. En la década de los años 50, por ejemplo, Fotos Pizarro, Fotos Argos, Foto Guzmán y otras que olvido o que desconozco cubrían la vida social de ese puerto que izaba de vez en cuando banderas negras. En los años 20,  existía el salón de fotografía «Columbia», ubicado en la Plaza Condell, y “Luz y Arte” de Harlow y Barahona, en la calle  Vivar 817.

Nuestras fotos de la primera comunión tienen la marca indeleble de quien las tomó. Pasar por esos salones era como mirarse en el gran espejo que era ese Iquique. Ahí estaban todos y todas,  ya sea en la fiesta de bodas o frente al altar. O bien desfilando para el 21 de mayo.  De ese tiempo aún nos queda Foto Guzmán en la calle Juan Martínez. Sus vitrinas muestran una ciudad acaso con menos pudor y más popular. Hay una foto, por ejemplo, de una mujer con un sombrero mexicano y de niños desfilando. Eventos como bautizos, graduaciones, licenciaturas, bodas de oro, contribuyen a mostrar una ciudad festiva que gusta de inmortalizar sus rituales.

El fin de esta actividad fotográfica empieza con la Zofri cuando pone al alcance de todos las famosas “Polaroid”. Con ese instrumento cada uno pudo registrar lo que pasaba en su entorno. Fue el fin de don Hipólito el viejo de la máquina a cajón en la Plaza Condell y el comienzo de la agonía de ese gran hombre que se llama Ronald Pizarro.

Las nuevas tecnologías, en la era digital, ha terminado de escribir el epitafio de ese viejo oficio que arribó a la ciudad en plena modernidad salitrera.  Más baratas y fáciles de usar. Sin el rito del cuarto oscuro, de los químicos, de los papeles,  que José “Pepe” González Enei, Carlos González, Alfredo Oñate, para hablar de los fotógrafos de los 70 y de los 80, que hacían malabares para que la imagen representará lo que ellos buscaban. Hoy todos podemos sacar fotografías, pero alcanzar la estatura de don Ronald Pizarro, Carlos González  o  de Pepe González Enei, es otra cosa.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 13 de mayo de 2007