Los despachos de antaño se fundaban, entre otras consideraciones, en la confianza. ¿Cómo explicar el sistema de fiar y anotar en una libreta lo que se debía? Libreta que además se llevaba el deudor. Don Alfonso, que tenía su puesto en el Mercado, o el Belfor de mi barrio, y así en toda la geografía barrial de la ciudad, se movían en este sistema basado, como ya se dijo, en creer en el otro (a).

Pero como reza el viejo adagio, en la confianza está el peligro. Muchos no pagaban y desconocían la deuda. De allí entonces el letrero: «Hoy no se fía, mañana si». La temporalidad del contenido del letrero estaba tan bien hecho que calzaba con los 365 días del año.

La confianza traicionada, hizo que el letrero en comentario, sirviera como un antídoto. Otros más precavidos pedían un objeto a cambio de lo que se fiaba. Hubo un negocio en la rotonda de la Villa Magisterio, que tenía como prendas carné de identidad y otros utensilios. En los años 20, los dueños de negocios, publicaban en la prensa el nombre de los deudores y el monto que debían. Era la prehistoria del Dicom. Los zapateros del barrio, acumulaban zapatos ya remendados. Aparecía entonces el letrero aquel: «No se responde por zapatos después de 60 días» o algo así.

Vender al contado era una premisa clave. Hoy es la revés. Nos buscan para contraer deudas. Y pobre de aquel que no pague en la fecha convenida. Las llamadas telefónicas se multiplicaran por miles y sobre todo a la hora de la siesta. En el viejo barrio, el estigma se apoderaba del deudor. «Fulano de tal dejó clavada a doña Rebeca». Era el castigo que se colgaba sobre el que abusaba de la confianza.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 7 de abril de 2013, página 25