Nada que nos defina sería suficiente. No hay adjetivos y si los hay deben ser muchos para dar con nuestra naturaleza. Nos reconocemos con solo olfatearnos como dos perros callejeros. Con ese hablar apresurado  a veces, que nos denuncia que venimos del norte, y que al tiro, precisamos, si del norte, pero de Iquique.
 
Es que nuestra densidad histórica y mitológica nos denuncia por todas partes. Dos 21. Uno el de mayo, el otro el de diciembre. Un 16 de julio, un 10 de agosto. Prat, la matanza en la escuela Santa María, la China del Carmen, San Lorenzo. Los combates del Tani y de Godoy, la épica de Raúl Choque. Ese  Iquique que le gana al centralismo el año 80 en el estadio Nacional. Fidel Dávila se viste de héroe.
 
Esta ciudad puerto, caleta y mall a la vez que se las arregla para vencer al olvido como escribió,  y cantamos cada vez que la alegría o el dolor nos embarga,  el poeta militar Santiago Polanco Nuño. Iquique la ciudad más cantada de Chile. Y en todos los ritmos. Una ciudad hecha por todos los habitantes del mundo que ahora descansan en el cementerio 1, abandonados por sus familiares como los Canelos o los Pascal. ¿Porqué no generar un movimiento de recuperación patrimonial de nuestro principal camposanto? Allí reposan nuestras raíces multiculturales.
 
Hay que  tender  puentes con las nuevas generaciones de iquiqueños. Con aquellos que no conocieron la pampa ni la belleza de la Gini Be, pero que igual aman a esta ciudad / caleta por que saben de su densidad y espesor histórico y mitológico. Si el 21 de mayo, Prat gritó «Al abordaje muchachos», el 16 de julio la gente canta «Viva ya, viva ya, Reina del Tamarugal». Son las dos caras de nuestra moneda local.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 9 de junio de 2013, página 22