La expresión la “calle es libre” es la más temprana acepción acerca del espacio público que empezamos a internalizar desde niños.  Sintetiza muy bien, esa esfera en que lo público aparece en toda su connotación: abierto, confrontacional, armónico, etc. La calle, y su uso del tipo que sea, denota la utilización y el ejercicio de la vida política en su más amplia expresión. Jugar a la pelota o ensayar para ir a La Tirana, son ejercicios de la política en tanto afirmación de un quehacer.

Las calles en épocas de dictaduras son usadas solamente en un sentido vial. De allí, por ejemplo que el funeral de Eduardo Frei Montalva, en el año 1982 tuvo las dimensiones que alcanzó. En Iquique, la celebración del triunfo del No, se realizó en Playa Brava, las calles aún estaban controladas.  Los funerales de los ejecutados en Pisagua  ha sido la última manifestación masiva de dolor que la ciudad ha conocido.

La marcha del  jueves 30 de mayo, significó el retorno de la política. En otras palabras, el ejercicio de la ciudadanía se expresó en toda su amplitud por una demanda transversal, cual es, la calidad y gratuidad de la educación.  El uso de la calle, es el mejor indicador de la existencia de una ciudad democrática que reclama ajustes y cambios.  Avenidas donde siempre han transitado automóviles se vieron llena de jóvenes y de no tan jóvenes que nos sumamos a una idea de un mejor futuro para la sociedad chilena. E Iquique, no podía estar al margen. La deuda de nuestra ciudad con la democracia y con los derechos ciudadanos lentamente se empieza a pagar.

La calle Vivar y antes Libertad, luego Serrano y la Plaza Prat, se convirtió en un testigo privilegiado de las demandas ciudadanas, expresadas con alegría y con gritos reciclados del pasado, y de otros trasladados desde las gradas de los estadios a la contingencia política.  La  así llamada “nueva forma de gobernar” ha provocado nuevas formas de protestar. Hay que entender que la educación cuyos males vienen de Pinochet, y que los gobiernos de la Concertación, descuidaron con un desdén que no se entiende, se transforma en un tema que Piñera deberá manejar con cuidado.  Las ideas de asambleas constituyentes, plebiscito ya empiezan a  escribirse en las pizarras de esta ciudadanía que siente que ha llegado el momento de cambiar  el curriculum político de un país que cada día es más desigual.

Faltan otros actores sociales que se sumen a esta demanda por un país más horizontal. Echo de menos a los sindicatos mineros con sus voces y pasos que vienen de fines del siglo XIX. Ya se sumarán. No deben sacar cuentas alegres los de siempre. Esta es una ciudadanía que no responde a los llamados de los “políticos tradicionales”. Estos no han sabido leer lo que ocurre en las calles, por lo mismo que su accionar ha sido más bien cupular. La calle y su ocupación y suspensión transitoria de la vida cotidiana, sirve para demostrar que el fantasma de la ciudadanía activa recorre nuestras ciudades. Y que bueno que Iquique se sume.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 3 de julio de 2011, página A-9