Por diversas razones que no es el caso, ni hay el espacio para analizar aquí, los habitantes de nuestra ciudad, constituyen, dentro de la geografía nacional, un pueblo abierto al mundo,  y con intensas relaciones con éste. La cultura del salitre, con sus carácter cosmopolita  ayudó a este proceso.  Y en este contexto, es posible  hablar de iquiqueños universales. Es decir de aquellos que cultivando campos del saber tan variados, como importantes, que va desde el deporte hasta la ciencia, pasando por las artes, llevaron al puerto de las siete letras por el mundo. 

Los más universales, son a mi juicio, Estanislao Loayza Aguilar y Arturo Godoy. Ambos, en el campo del deporte ocuparon páginas enteras del periodismo incluso más allá del ring del boxeo.  Son los verdaderos fundadores de nuestra principal seña de identidad: el campeonismo. Desde el mismo territorio del deporte destacan Raúl Choque campeón del mundo en Caza  y Pesca Submarina y Ariel Standen en atletismo. En el fútbol, el gran Jorge Robledo,  el primer goleador chileno del fútbol europeo escribió,  su nombre en la historia de ese deporte con la caligrafía del gol.

Otro iquiqueño “pate e’ perro”, después de un largo periplo que lo llevó por Estados Unidos, como cocinero, terminó animando la radiotelefonía española. Se trata de Boby Deglané, cuyo nombre es Roberto Deglané y Portocarrero. Nació aquí en 1905. Parte de su actividad radial fue recogida en la película “Historias de la Radio” de José Luis Sáenz de Heredia. Inventó el programa “Carrusel Deportivo”, entre otros de gran sintonía. En España, el nombre de este iquiqueño (nacido quien sabe en que barrio iquiqueño, aunque por nombres y apellidos debió haber visto las primeras horas del sol,  desde la calle Baquedano),  es una referencia obligada a la hora de la historia de este medio.

En el mundo de las letras los nombres son  extensos como lo eran las dunas del Cerro Dragón. En la poesía, María Monvel y Oscar Hahn. Este último, si el azar y el lobby no dicen lo contrario, debería ser, Premio Nacional de Literatura. Otros de la talla de Mahfud Massís y David Valjalo inscriben su poética en el gran diccionario universal. 

En la música Luis Advis, con su obra “La Cantata de la Escuela Santa María”, universalizó la tragedia del 1907 y de paso, y sin buscarlo, inscribió su nombre en la música del mundo. En la música popular, Antonio Prieto de la mano de su hermano Joaquín, hicieron de “La Novia” su canción más querida, conocida en el mundo entero. Se afirma, incluso, que hay una versión en japonés.

En el campo de las ciencias sociales y de las humanidades, Lautaro Núñez tiene un lugar asegurado por sus extensos años de dedicación a nuestra larga historia. Del mismo modo la obra paciente  de Pedro Bravo Elizondo, desde Estados Unidos, le ha insuflado de nuevos aires a la historia regional. Deben haber muchos más nombres, como Franklin Caicedo y Enrique Campuzano,  que con el tiempo iremos destacando.

 

Publicado en La Estrella de Iquique, el  9 de noviembre de 2003