La huella de los ferroviarios es imborrable. La vida económica iquiqueña giró en torno al ferrocarril. La calle Sotomayor con Vivar su rostro más visible. De ahí salía el longitudinal que por economía lingüística pasó a llamarse Longino. La maestranza en el Colorado era inmensa y llena de voces. El Chile republicano se transportaba en tren. Iquique y en La Calera en transbordo. Publicaban la revista En Viaje, una joya que ya está on line en Memoria Chilena. El deporte era un actividad importante. Existía una asociación nacional de ferroviarios que los unía en olimpiadas.

En Iquique el 10 de marzo de 1940 se funda el Club Deportivo Iquitados. Nombre inventado para referirse al trayecto Iquique a Pintados. Practicaron varios deportes: fútbol, béisbol, básquetbol y atletismo. Congregaron a los mejores deportistas de Iquique. Partidos entre Maestranza e Iquitados o con Estrella de Chile, sacaban chispas. Contra Chung Hwa o Academia ni que hablar. Dirigentes clásicos: Juan Quevedo y Roberto Pickert; beisbolistas: Dimas Salas, el zurdo Reyes, Patty Meza; basquetbolistas: Humberto Diomedi, Cuico Sepúlveda, los Rozas, Arturo Guerrero; futbolistas: Manuel Astorga, Juan Caimanque, Manuel Montecinos, Juan Quevedo. Todos crack. Su estadio con pista de atletismo en lo que hoy es la Zona Franca, reunió al Iquique deportivo. Cancha dura, caerse era peligroso. Olía a carboncillo. La rodeaban viejos carros abandonados ¿Dónde habrán quedado? Camisetas de color naranja, pantalones negros y medias naranjas era su uniforme. La cancha de básquetbol en Barros Arana al fondo.

Lástima que los del Iquitados ya no estén. Se les extraña. Desaparecieron cuando el Longino dejó de ser rentable, eso dicen. Tengo varios amigos ferroviarios que me han reclamado esta crónica. Por cierto que su brillante historia no cabe aquí. Tranquilo Gato Stewart, ya habrá más espacio. Desde esta cuarentena recuerdo bajar por el barranco para llegar a esas canchas ferroviarias, sorteando ojos de mar. El Nano Salinas, primer capitán de Deportes Iquique también defendió esos colores. La buena memoria de Ernesto Corrales Salas, de joviales 98 años, jugador y dirigente del Iquitados me ha permitido armar esta pequeña historia de una gran institución.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 19 de abril de 2020, página 13