La mañana del 25 de diciembre los juguetes aparecían por todos lados. Y con ellos, niños y niñas, los mostraban con la inocencia que los años nos habrían de arrebatar, sintetizada en la frase “Ese todavía cree en el viejo pascuero” y otras de igual calibre, nihilista, entre otras, aunque esa palabra no la conocíamos.

En las veredas, en las plazas, en las calles desfilaban todo tipo de juguetes. Hechos en casa, en el ferrocarril, en la casa del vecino mueblista, comprados en esa feria que rodeaba en un semicírculo al Mercado Municipal. Eran de madera o de fierro: camiones, muñecas, triciclos, patines, pistolas, bicicletas, monopatines, linternas, hula hula, cuerdas para saltar, yo-yo, palitroques, diarios de vida, bolitas, pelotas de todo tipo. Muchos con el olor a pintura o a goma, que nos arrancaban una sonrisa que el espejo ya no nos devuelve.

Los regalos no eran neutros. Detrás de cada uno había una narrativa de género. Para los “niñitos hombres” martillos y serruchos, para las “niñitas mujeres”, planchas y ollas. El desafío hoy es la inclusividad. Los roles se han transversalizado.

La calle y la plaza era el lugar donde nos conectabamos en una especie de feria en que mostrabamos lo que en la noche anterior, por arte de magia, el viejo dejaba y que en madrugada abriamos sin mediar prolijidad alguna. Los hijos de colocolinos aparecían con la tenida del cuadro albo. Unos pocos de la Católica y tal vez un poco mas los de la Chile. La celeste de Deportes Iquique aun no ingresaba al mercado. La tarde del 24 se organizaban las navidades para los niños del barrio a cargo, en muchos casos, del club. Descubrimos que el vecino y bombero de la Octava, Romualdo Alvarez fue nuestro viejo pascuero. Empezaba el naufragio de nuestra inocencia.

Pero siempre había un drama, la comparación entre los juguetes y cosas por el estilo. Y no faltaba aquel que estaba de cumpleaños el 24 o 25 de diciembre. Conozco a dos.¿Tuvieron regalos dobles?

 

 

 

Publicado en La Estrella de Iquique, el 27 de diciembre de 2020, página 11.