Ojalá haya una tregua entre los dos candidatos a La Moneda y dejen un espacio para que los carros navideños se tomen las calles.  Bien se sabe que la Navidad tiene un aire universal, pero que en estas tierras adquieren un sabor diferente. Eso se llama identidad cultural. Es decir, tener la capacidad para adaptar a nuestras coordenadas, lo que proviene de afuera.  Pasa con la comida, pasa con la religión, pasa con los juegos, pasa con las ideas. Sin acción creativa no hay identidad.

La Navidad es el mejor modo de recrear nuestro alicaído  carnaval, y de algún modo rescatar del olvido a la Fiesta de la Primavera. Ambas celebraciones hallan en el ritual navideño una forma de salir a la calle, de fundar la comunidad y de alterar, aunque sea, por un par de días, la rutina.

Desde hace ya varias décadas que esta peculiar celebración, iniciada por los funcionarios del Correo y dinamizada por los pesqueros y por los insumos de la Zona Franca, que se viene instalando en nuestra convivencia.

Como que echamos de menos el sonido de las bandas de bronces interpretando los villancicos andinos. Cómo que extrañamos ya, el bullicio en la calle y los niños en busca de una pastilla.

El Servicio Nacional de Turismo, debería, inscribir esta celebración como una peculiaridad  turística, como lo es la playa, las salitreras y la Zofri.  Venir en Navidad  a la Tierra de Campeones, a ver como la ciudad se toma la calle y hace de este evento una fiesta, por que es una fiesta.

La navidad  a la iquiqueña se inscribe en un horizonte mayor, que tiene que ver con el carácter festivo de nuestra cultura.  La ciudad se viste de rojo y de blanco, y parece trocar el salitre por la nieve. Es una ciudad que quiere ser de los niños y de las niñas.  Una ciudad que pierde el sentido de la realidad al ritmo del consumo.

Las campañas políticas se inspiran en estos ademanes. Pero más que tirar pastillas ofrecen propuestas que no siempre se cumplen. Los niños lo saben y no salen tras de ellos. Las caravanas de Deportes Iquique y de Municipal también hacían lo mismo. Con la diferencia que entre éstos y el público había una inmensa comunidad.

Siempre se ha propuesto normar el uso de los carros alegóricos de Navidad. Premiar al más original, y señalar una ruta en la que todos lo puedan observar. Pero ha quedado sólo en ideas. Lo sustancial, eso si, es que esta manifestación tiene un carácter popular, y por lo mismo, sus territorios tienen que ver con los lugares en donde habitan los trabajadores. De allí que normar su uso es un poco complicado.

Sea como sea, la Navidad a la Iquiqueña (título de un documental sobre el mismo tema), es una de las tantas señas de nuestra identidad.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 13 de diciembre de 2009.