Están de moda los años 80. Está de moda el pasado. El siglo XXI arranca con esa costumbre de mirar al pasado, de rendirle homenaje, de fantasiar con los años ya idos, fieles a la máxima de “que todo tiempo pasado fue mejor”.  Los comienzos del siglo XX fueron distintos, el futuro había que conquistar. La frase del Che, en los años 60, fue la síntesis perfecta: “Si el presente es de lucha el futuro es nuestro”.

Pero no toda pasado es reclutado de manera potente en la memoria. El desastre en la conmemoración de los cien años de la matanza en la escuela Santa María, lo indica todo. La memoria debe albergar, sólo los buenos recuerdos, así parece mandar cierto protocolo que evita que el pasado se convierta en una especie de piedra en el zapato.

Los 80 en Iquique están marcados por lo acontecido en la década anterior. El golpe de estado de 1973 dejará sus huellas en la ciudad. La abundancia de la Zona Franca operó como un bálsamo para ocultar ese dolor  que aún no terminamos de procesar. “Deportes Iquique” nos devolvió la alegría futbolera que había arrancado en el año 30 en Santiago, al coronarse los tarapaqueños campeones de Chile, para luego vencer a Colo Colo de David Arellano.  Los años 80, para los comerciantes amparados en la Zofri fue una mina de oro. Las ferias libres, a su modos, cosecharon algo de esa riqueza.  La Catedral, la San José, la Santa Teresita abrían sus puertas para albergar el pensamiento que era perseguido. El Crear, en Bolívar primero y luego en Vivar, generó espacios para la discusión y para la revalorización de las ciencias sociales regionales. El padre Angel en la gruta de Lourdes, a su modo, expulsaba a los fariseos del templo. Eran dos Iquique. El oficial  cambiaba el nombre a las calles. El otro, se las arreglaba para explicarse el por que de la derrota del 73 y de paso establecer acciones para demostrar que la muertes de los nuestros no era en vano. Años de la Agrupación Cultural Tarapacá, del CPS y del poeta Juvenal Jorge Ayala. Son los años de Cardoem.

La televisión local, Telenorte, nos ofrecía lo que estaba a su alcance. Las radios FM nos cautivaban con su sonido impecable, mientras que las AM parecían morir en silencio. La bohemia local se transformaba. Decenas de nuevos lugares desplazaban a los antiguos. El año 1982, en la calle Bolívar se estaciona un Wagón, que iluminará esas noches de tedio y de miedos.  Aparece la pasta base con todo su poderío devastador. La canción Reina del Tamarugal nos hace universal y la pampa donde la Ñusta se enamoró,  parece florecer. 

Los años 80, son años difíciles. La onda ochentena, sobre todo, a través de la música insiste en beatificarla. La música siempre ha sido un buen recurso para la melancolía. Pero hubo otra músicas que las FM no tocaban. Silvio, Pablo, Zitarrosa, Serrat, Osvaldo Torres y tantos otros, que nos recordaban que el dolor de la patria era posible de superar. Otros poetas, Benedetti, Cardenal, Neruda y voces nuestras Cecilia Castillo, Jorge Aracena, Ross-Murray, Walter Rojas,  Pedro Marambio, registraban la tristeza y nos hacían soñar con un mundo mejor. 

Los años 80, como todo el pasado puede ser banqueado. Pero la memoria honesta debe ser capaz también de ver el otro lado de la luna.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 4 de enero de 2009