Gentilitos 2

 

 

Son cuatro niños entre los 6 y los 12 años. Siguen las ordenes de un hombre cuarentón camino a los cincuenta. Es un tipo moreno de pelo crespo. Camina por las calles de Iquique a bordo de una sonrisa abierta como aquellas mamparas de la infancia. Desde hace muchos años al cobijo de la escuela artística Violeta Parra, viene sembrando la música andina y latinoamericana en estos muchachos. Son semillas de bondad. El líder se llama Bernardo Bordones. La banda: “Los gentilitos”.

Obviamente no ocuparon ninguna primera plana en la prensa local. Los parlamentarios no se preocuparon de su suerte. Pasaron como se dice en el argot popular “piola”. “Los gentilitos” sin embargo, se las traen. Están organizando un viaje al extranjero, gracias a un premio en un concurso nacional. “Nadie es profeta en su tierra” pareciera decir el “profe” Bordones. La ciudad de Cremona, al norte de Italia le brindará los aplausos que aquí le faltan.

El “profe” Bordones es mi triple tocayo. Es negro, es liceano y se llama Bernardo. Lo último no tiene importancia. Pero si lo primero y lo segundo. Y a mi juicio la segunda característica es más relevante. Pertenece a la generación de liceanos republicanos. De aquellos que, entre otras tantas cosas, nos tomamos el Liceo. En ese entonces el folklore iba de la mano con la política. El Quilapayún se escuchaba junto a Santana. Leíamos a Rousseau y hacíamos rabiar a don Julio Vallejos. Julio Romero nos enseñaba a ser tolerantes y Domingo Sacco nos hablaba del mundo y de la guerra fría. Doña Adriana Peirano y doña Anyelina Chiang nos paseaban de Edipo Rey al Señor Presidente. Pero no nos distraigamos…

“Los gentilitos” nos conectan con ese Iquique de los 60, en que conjunto como Los de la Costa con Mario Cruz, ganaban el festival de San Bernardo, o con el Chintaguay. Es la savia joven que tendrá que revitalizar al Cofunap, al Calichal y al Kirki Wayra, entre otros.

“Los gentilitos” han puesto la nota musical en medio de ese concierto desafinado que se llama Iquique. Sus tristes récores -drogadicción, prostitución, enfermedades venéreas, violencia, intolerancia, niñas fugadas, envidia y para de contar- no han logrado opacar a estos niños-jóvenes. En Septiembre irán a Italia a mostrar sus virtudes. Hablarán en el idioma de las quenas, charangos y bombos de la alegría de vivir al sur del mundo. Contarán y cantarán el léxico de los cóndores y de la infancia.

Yo no sé que espera el Conace para nombrarlos embajadores de la cultura iquiqueña. Yo no sé que espera la Municipalidad para nombrarlos “Hijos Ilustres de la Comarca”. Yo no sé que espera la Secretaria Regional Ministerial de Educación para organizarles un concierto unplagged en el Municipal. Yo no sé que esperamos todos, para decirles lo orgulloso que estamos de contar con ellos. Por mi parte, me alegro por mi tocayo y por esos cuatro jóvenes. Me alegro por Jasón Bacián, Jordán Bacián, Armín López y Mario Orellana. “A Italia ya me voy/cantarán los ruiseñores…”.