El etnólogo francés Marc Auge popularizó el concepto de no lugar. Espacios de anonimatos y de flujos en la que no se desarrolla ningún tipo de sociabilidad y, menos aún de arraigo.  Una playa de estacionamiento, un estación de bencina, un aeropuerto, sirven para ilustrar a esta categoría.  Pero también los lugares pueden convertirse en no lugares. Algo de eso le pasa a las ciudades de América Latina. En Iquique, el mejor ejemplo de ello, es el paseo Baquedano. Y me temo que también el parque Balmaceda. Nuestra emblemática calle Baquedano ha sido vaciada de su significación histórica. La pretensión de convertirla en boulevard o algo parecido, ha caído en el patetismo.

Sin embargo, hay voces a nivel mundial que alertan contra esa tendencia. Se habla de recuperar y de enriquecer los espacios públicos. Y sobre todo de construir ciudades a escala humana. Ethan Kent, de visita por Santiago habló de lo que sucede en estos ámbitos.  Ciudades que son construidas pensando más  en el automóvil, que en la persona. Revalorar la vida del barrio, construir ciclo vías parecen los ejes de estas propuestas.

En Iquique las cosas no son tan diferentes. Una ciudad colapsada que entre otras cosas, carece de transporte público (lo afirmo en el mejor sentido de la palabra); y que al ritmo de las construcciones de torres en el sector sur, va a provocar un colapso urbano de enormes consecuencias.  Un especia de embudo con una sola salida como es la Rotonda de Cavancha, va a significar atochamientos y tacos impensados hace veinte años atrás. ¿Es el costo del progreso?

Defender la ciudad es defender la vida urbana. O sea un estilo de vida amigable en que la tradición y la modernidad, conversen en forma amigable. Dice Ethan Kente, “Para prevenir aberraciones en el espacio público la gente debe involucrarse”. Y en este aspecto hemos sido testigos impotente frente a los urbanicidios ocurridos en Iquique.

No hay hasta ahora, en las ofertas de los candidatos presidenciales y parlamentarios, ninguna propuesta urbana seria que apunte a construir una ciudad amigable e integrada. El espacio público sigue siendo un tema pendiente en el debate ciudadano.

Tener infraestructura, parques (no para pasar, sino para quedarse), es el centro de este urbanismo que pretende hacer de las ciudades un  lugar grato para vivir. Cada vez que visito la ex estación de Ferrocarriles, pienso en la falta de voluntad de nuestras autoridades para recuperar y poner en valor  este eje de la vida urbana que conectaba a la ciudad con la pampa y el resto del país. 

Construir lugares, reconstruir otros, otorgarle identidad y sobre todo organizar a la ciudadanía para que luche por la preservación de éstos, es la tarea pendiente de esta democracia. Una ciudad de guetos como la que tenemos, como reacción al tema de la seguridad, no es la mejor alternativa.

Publicado en La Estrella de Iquique, 18 de octubre de 2009.