El paisaje socio-económico de este país ha ido cambiando desde la década de los 80. De eso no hay muchas dudas. Aparecen no sólo los nuevos pobres, sino que también, los nuevos ricos.  El año 1979, Fernando Dashe publicaba “El Mapa de la Extrema Riqueza en Chile”, que daba cuenta de este fenómeno que ahora parece estar consolidado. El año 2005, el economista Hugo Fazio  actualiza esa realidad. Pero la mejor constatación  de todo esto lo pone la final de la Teletón. Dos millonarios, chequera en manos, donan cada uno, mil millones de pesos.
Estos nuevos ricos parecen desafiar la ética de los viejos acaudalados. Aquellos que criados bajo una rígida moral, que por cierto no cuestionaba el modo como habían accedido a esas riquezas, preferían hacer sus donativos sin tocar las trompetas. Creaban fundaciones, financiaban colegios y museos. A su modo, entendían que el despilfarro no era cosa bien vista. Muchos de ellos tienen excelentes bibliotecas y coleccionan obras de artes.
Los ricos de ahora son distintos. Otra ética los motiva. Lejos están del modelo de conducta que tan bien analizó Max Weber, en su libro “La Etica Protestante y el Espíritu del Capitalismo”. Discrepan de la ética calvinista en cuanto al ideal de una conducta racional y apegada a no ofender a los demás, a través de un estilo de vida sobrio y austero. Siguen, eso si, conectados al espíritu del capitalismo: el lucro y su obtención, es lo fundamental. Pero en el caso chileno, el ingreso a la política es un dato nuevo. Ya lo intentó el empresario Francisco Javier Errázuriz, sin éxito claro está. Ahora es el tiempo de Piñera. Pero, un desconocido empresario de ricitos de oro (no me imagino otro mineral) le ha puesto “miguelitos” en su desbocada carrera hacia La Moneda. 
Se trata, por cierto de un populismo con billetera gorda, capaz de financiar parte de las demandas de los electores. Por lo menos, lo ha logrado. Con su excéntrica cabellera y propio cajero automático, se ha logrado meter en el imaginario popular. Sus buenas propinas funcionan como un excelente spot publicitario. Este “fuera del sistema” político formal, hará más de un desbarajuste en el injusto sistema bi-nominal.
La pregunta más de fondo tiene que ver con el hecho de cómo la sociedad chilena puede producir un tipo de liderazgo como éste. Esta cuña entre la Concertación y la Oposición, tiene que ver con los desaciertos de estos dos bloques que han sido incapaces de abrir el campo de lo político. Farkas es la expresión de ese descontento. Es la expresión además de un país que se reduce a la pantalla de la TV, donde por lo general se confunde la realidad. Se cree que lo que pasa en un set acontece en todo el país.
De tanto ver TV, la gente quiere un país entretenido. El impacto de la farándula sobre nuestros estilos de vida es algo que hay que evaluar de un modo profundo. Habrá que ver como el nuevo millonario, logra seducir a los electores en una hipotética campaña donde no habrán nuevas ideas, pero si mucho dinero.  Ya pasó el tiempo en que las ideas y el bien común, eran el motor de la política. Ahora lo es el dinero.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 7 de diciembre de 2008