Una de las tantas máximas de esa religión, en la que no creo, que se llama capitalismo es la de afirmar que el tiempo es oro. Prefecta síntesis de esa forma de ver el mundo en que el afán de lucro es la motivación principal. Esa ética tan bien descrita por el sociólogo alemán Max Weber, hablaba del ocio como un mal social. Marx lo acompañó en esa condena. Pero hablamos de un capitalismo del siglo XVIII y XIX, ese que Charles Dickens muy bien narraba en sus novelas.  Era el capitalismo salvaje o duro, que la peruana Flora Tristán denunciaba en Europa.
Hoy este nuevo capitalismo, salvaje por naturaleza, encuentra en el ocio y singularmente en los deportes, una nueva fuente de acumulación de riqueza. Weber y Marx tendrían que cambiar de opinión al percatarse que la nueva sociedad que empieza a emerger a fines del siglo XX (globalizada, posmoderna, líquida, etc), ofrece nuevas formas de sociabilidad.
La necesidad de ocio y las formas de satisfacerlo es uno de los grandes temas que el capitalismo de ahora ha puesto en oferta. De otra forma no se explica las campañas para vacacionar, los insertos publicitarios en la prensa, el tiempo que los noticieros  dedican a promover las bellezas naturales. Las agencias de turismo y toda la burocracia que tras de ella se desarrolla, son parte del paisaje. Palabras nuevas y que mezcladas con el inglés producen un lenguaje de la que muchos son analfabetos: check in, entre otros salvajismos. Iquique no se queda atrás. Si el sorismo traía como gran novedad a Los Viking 5, el pollismo no se queda corto y vía ticket master trae a Miguel Bosé. Me temo eso si, que los viejos iquiqueños irán a ver a Salvatore Adamo, para contarles que la Casa del Deportista donde alguna vez actuó, ya no existe.  Entretener trae dividendos políticos. Parafraseando una vieja expresión, podríamos decir que el que no entretiene es momio.
Este nuevo capitalismo se basa en la movilidad de las personas, pero sólo en términos geográficos. El turismo ocupa en nuestro imaginario un lugar central. En marzo cuando vuelva el pobre a su pobreza, y el rico a su riqueza, como canta Serrat,  hasta el más humilde nos preguntará: “Y usted donde fue de vacaciones”. En mi caso la respuesta es concisa. Estuve en Cavancha, saludando al Negro Paredes y su hermano, a Juan Jacob, al viejo “Maravilla” Guerrero, al Alvaro Gómez, a Manuel Villalobos, Ariel Standen y a Fernando Prieto; todos ellos mañaneros que no se cansan de alabar nuestra playa. Como para coincidir con Lautaro Andino cuando le espetaba a los demás que habían estado en Nueva York y en Caracas, “pero tú no has estado en Cavancha”. De que sirve andar por el mundo si no conocen ese paraíso (a ciertas hora lo es, en la mañana por ejemplo) y a veces, infierno que es Cavancha.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 17 de febrero de 2008