Las horas que vendrán en la noche inolvidable esperan con desconcertaante alegría e inquietud, porque ellas son el balcón florido donde todos nos asomamos para ver llamear las nuevas ilusiones, esquivas en la mayoría de los casos, pero esta noche cuando caiga la ultima hoja del calendario, todos esperamos con el corazón vibrante, pletórico de ensueños.

Aquella hoja símbolo de una fecha se la llevó el viento, y aquellos dos últimos números, sencillos y piadosos, se fueron, llevándose a cuestas muchas ilusiones.

Difícil es inventariar el valor del año que se va, su tasa es muy baja en el mercado del espíritu, vuelve a encenderse el arbolito de pascua, que dejó en la navidad rebosante de alegría a los corazones infantiles, ahora lo miran los grandes y esperan encontrar en él, prendida entre su verdes hojas, una esperanza mas, hasta ahora insatisfecha.

Juguetes del tiempo y de los años, nosotros esperamos ilusionados también -mientras los tiernos niños duermen- los mas grandes lanzan petardos sobre las cabezas pensativas de los mayores… lo que ha de llegar, después de un año de inquietudes, es un misterio para todos.

Bienvenida esta noche de año nuevo y aunque no venga a nosotros con la atronadora exterioridad que ya pasaron, siempre se siente una alegría que no se puede disimular, y esto es cuando los minutos se van acercando al paralelo que separa el viejo año del nuevo que ha de llegar…

La cabeza que ha encarecido y la frente que se ha cubierto con la ceniza del arrepentimiento esperan también algo del año juvenil, dejando atrás el saldo amargo de los años pretéritos…

Una noche de año nuevo, nos hace mirar hacia delante, hurgando en la meta desconocida del destino, en busca de ensueños y esperanzas y todos encuentran la vida grande y hermosa… Y porque así la vemos en la noche de año nuevo, en la hora cumbre del tiempo.

Osvaldo Guerra.

El Tarapacá

31 de Diciembre 1957

página 5

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