Nombrar es dar vida. Poner nombres es identificar, delimitar, precisar, aclarar. Sobre el cuerpo de la ciudad sus autoridades, electas o no, proceden en base a sus facultades a ponerle señas de identidad a las calles. Bautizarlas o rebautizarlas, y con ello dejar claro cual es su objetivo. “Dime que nombre tienen tus calles y te diré de que tendencias son tus gobernantes”.  Las calles, nuestras calles, no son neutras, Sobre su piel, el gobernante, en este caso el alcalde o alcaldesa, tatuó un nombre.

Iquique, tiene calles de múltiples nombres. Un registro estratigráfico de ellas, una arqueología de las mismas, irá descubriendo esos otros nombres. Más abajo de Héroes de la Concepción está Séptimo Oriente; más abajo de Piloto Pardo aparece San Martín Viejo, más abajo de Obispo Labbé vive aún la calle Tacna. Y así.

La chilenización de Iquique explica lo anterior. No es casual que las calles se llamen Bulnes, Orella, Sargento Aldea entre otras. Obedece al intento programado de crear un sentido común chilenizado. Los gobernantes, desde el 1890, han emprendido la tarea de poner sobre la calle peruana el nombre de la calle chilena.

Como producto del golpe de estado de 1973, que podría ser visto como el segundo proceso de chilenización que vive en norte grande, sucede un proceso parecido.  Es así como el 29 de septiembre de 1973. el alcalde interino de la época, el Teniente Coronel de Carabineros, Juan Bautista González Cabello, emite un decreto en la que procede a modificar el cambio de nombres de las unidades vecinales. La “Unidad Vecinal Nº 13 Villa Soria” pasa a llamarse ahora “11 de Septiembre”; “la Unidad Vecinal Nº 50 Luis Emilio Recabarren” por “Almirante Gómez Carreño”, la Nº 27 “Salvador Allende” por “Rubén Godoy Morales”, la Nº 49 “José Santos Paz Alvarez” por “Capitán Hernán Trizano”.

Este proceso ya no trata de desperuanizar. Intenta borrar todo rastro de izquierdismo en las calles.  Es la época del Estado de Sitio. Las calles o pasajes sufren el mismo proceso. El pasaje “Ernesto Che Guevara” se cambia por el de “Cabo Larrondo”, la calle “Violeta Parra” por “Once de Septiembre”. La obsesión anti-izquierdista llega hasta el extremo de cambiar el nombre viejas oficinas salitreras donde hubo matanzas obreras, como “Pontevedra” por “General Mendoza”, “La Coruña” por “Armada de Chile”, “Santa María” por “Orden y Patria”. Y muchos más casos, como por ejemplo, en la población “Esmeralda”, el pasaje “Luis Emilio Recabarren” se llama ahora “Los Capitanes”. Y de paso, aprovechó el alcalde de la época de cambiarle el nombre  a la “Avenida Oruro” por “Mayor Osvaldo Muñoz Carrasco”. Perú y  Bolivia al igual que la izquierda eran enemigos de temer. La historia de los nombres de las calles, es la historia de los gobernantes de turno, de sus obsesiones y caprichos ideológicos y geopolíticos.