La elección de Obama como presidente de los Estados Unidos se han convertido en un hecho noticioso sin precedentes. Y es casi natural que así sea. Resulta, a lo menos, saludablemente curioso, que una nación que ha construido un discurso y una práctica colonialista, lleve a la Casa Blanca a un afro-americano.

Los países europeos y Estados Unidos, en sus hábitos colonialistas han edificado una imagen del Otro, en este caso del hombre no blanco, basados en prejuicios y estereotipos. Una mirada al cine, uno de los principales medios de difusión de ese discurso, así lo señala. Gitanos, negros, indios,  hispanos, orientales,  son exhibidos como el lado oscuro y no evolucionado de la raza humana. El hombre blanco, se auto-construye como un ser superior. El sueño de Hitler, la pesadilla de la humanidad es la expresión mas trágica de ese comportamiento. Los no blancos, son flojos (los mexicanos siempre duermen la siesta, tapados con sus sombreros), agresivos y traicioneros (los indios  matan por la espalda), los hispanos frecuentemente andan en cosas dudosas (o son guerrilleros o narcotraficantes, o ambas cosas), etc.

En el caso de los negros el discurso colonialista parece haberse ensañado. Se les reduce a su expresión corpórea: deportistas, bailarines, etc. Parece que el uso y el ejercicio de la razón es privilegio de los blancos. En otras palabras, se reduce al negro a  labores al servicio de los blancos, que en términos generales y como ya se ha dicho, tiene que ver con las manualidades. Los negros siempre fueron vistos como seres obedientes y sumisos. “La Cabaña del Tío Tom” es la mejor expresión de ello. El cine de la segunda mitad del siglo XX ha ayudado a cambiar esta situación. En “Al maestro con cariño” se cuenta la historia de un negro que logra romper el círculo vicioso de la pobreza, al acceder como profesor a un aula. La obra de Spike Lee, un director negro, ha significado cambiar la percepción acerca de la cultura afroamericana. Toda vez que es un negro el que cuenta la historia de los suyos.

De Obama se espera mucho. Tiene la posibilidad de refundar el capitalismo a través de una presencia por parte del Estado, más activa. La combinación de la crisis del neoliberalismo con la elección de Obama es algo que nos debe llenar de un modesto optimismo. Es como dice el cliché una oportunidad. Pero de ningún modo Obama es el Mesías negro que nos viene a liberar de las tinieblas del capitalismo. El color de la piel, es una construcción cultural, y no un color en si. Y ello no garantiza que la rebelión o como quiere que se le llame, esté inscrita en términos genéticos. Lo peor que le puede pasar a este joven presidente, que gracias a la educación rompió la pobreza (una excepción sin duda), es convertirse en un icono pop. Uno de los rasgos actuales del capitalismo más llamativo, es su industria cultural, y ésta tiene por misión, transformar los modelos en objetos de consumo. Le pasó al Che, y a tantos otros rebeldes y revolucionarios, que se jugaron por la vida por todo, menos estar en el pecho de una polera de un adolescente que ignora de las ideas que portaba su ídolo.

Hay que ver como este joven presidente, hijo de una cultura sojuzgada, logra cambiar los términos de la convivencia mundial. Ya lo sabemos lo que Obama haga desde la Casa Blanca, repercutirá sobre nosotros.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 25 de enero de 2009