Hay gente descuidada que siempre anda perdiendo cosas. Gente olvidadiza que deja sus anteojos encima de cualquier escritorio, o bien sus chequeras (casi una pieza de museo); gente que ahora, por ejemplo, deja el pendrive, el celular, monederos, agendas y todo aquello que por su tamaño, es factible de dejar por ahí. Una vez. en un restaurante dejé olvidado mi celular. Cuando regresé, a los cinco minutos, ya habían hecho una llamada al exterior. Hay gente fresca.

Las cosas que se olvidan deben ser pequeñas. Objetos necesarios, pero que tal vez por su tamaño caen en ese territorio donde la memoria no logra dar con ellos. Luego se hace imaginariamente el recorrido, se reconstruye la rutina, pero nada. No está ahí. En la pequeñez y en la utilidad radica la tentación para el otro. Una caja de fósforos es pequeña, pero no abre el apetito como lo haría un celular, una cigarrera, un buen lápiz.

Por eso que resulta inimaginable la historia que luego les contaré. es también sobre un objeto que a alguien se le extravió. Pero ya volveremos sobre ello. 

La búsqueda de un objeto perdido puede movilizar a toda una familia. Se despliegan recursos sobre todo tiempo, en dar con aquello que nos quita el sueño. Me dicen que hay gente que tiene habilidad para hallar cosas. Una especie de sexto sentido. Pero, para aquellos que carecemos de esas habilidades, la búsqueda puede ser un martirio.  Lo peor es cuando las cosas aparecen cuando uno menos lo piensa y más aún, cuando ya no sirven.  La falta de orden, sobre todo en los libros y en los CDs, hace que la búsqueda sea más imperiosa. Y desaparecen cuando más los necesitamos. Cuando buscamos esa cita exacta o bien cuando necesitamos citar al autor de una canción. ¿Quién compuso el bolero “Lágrimas Negras”.

Dejar un libro o un Cds en la mesa de un bar es cosa seria. Más aún si ese libro se lo han regalado esa misma noche. Hay que regresar a ese lugar a eso del mediodía. No hay cosa peor que ir  a esa hora en la que sol deja en entredicho esa afirmación de que “en la noche todos los gatos son negros”. Hay gatos más negros que otros.

En la calle Obispo Labbé. Vuelvo con la historia, a un señor se le olvido algo. Se que debe estar haciendo lo imposible por  hallarlo. Por eso es que le voy a dar unas claves. Lo que busca ese señor está en esa calle al llegar a Bulnes. Es fácil da dar con él. Es la rampla de un camión que dejó hace tres meses y que sirve desde entonces para que la gente vote sus basuras, y se vaya convirtiendo en un foco de infección. Este objeto  mide nada menos que 17 metros. Bueno sería además que Caribineros y los Inspectores Municipales se dieran una vuelta por ahí. Para que no haya engaños, la placa patente es JD 2590. Hay gente muy olvidadiza. No hay de qué.