En la celebración del día del Patrimonio, Iquique está en deuda. La historia de su equipamiento urbano muestra un déficit que merece ser tomado con atención. Desde que se quemó la tienda El Sol, a fines de la década de los años 50, hasta el fin del Palacio Mújica, la deuda con el patrimonio, sigue en alza. Esto sin nombrar, el dantesco incendio que destruyó totalmente a los dos cines como El Nacional y el Coliseo. Y otros tantos que no caben en este espacio.  A ellos hay que sumarle lo que la picota en nombre del progreso destruyó. Uno de ellos, el Círculo Italiano, el edificio Atalaya, por sólo nombrar a los más insignes.

Lo cierto es que el capital arquitectónico de la ciudad va lentamente siendo devaluado. Aquella arquitectura que nos proveyó de una identidad, se bate en retirada. No se trata de llenarlos de “falsos históricos” como aquel edificio que reemplazó a la tienda La Confianza, pero tampoco como aquel que sustituyó al edificio donde alguna vez estuvo la Ilustre Municipalidad en pleno corazón iquiqueño. El vacío sobre el cual se construye la ciudad que tiene una larga data, es preciso llenar de ordenanzas para así levantar una ciudad que guarde un mínima continuidad con el pasado. Y de allí hacerle guiños al futuro.

Hay dos edificios en la que se puede sintetizar la historia de la ciudad. Uno el Atalaya y el otro el de Tarapacá con Vívar, la multitienda. Si a ambos le aplicamos el método estratigráfico, tendremos los mismos resultados: intervenciones urbanas marcadas por la moda y el autoritarismo tecnocrático. No sabemos que hubo ante de La Recova, pero su fisonomía, que obtenemos a través de fotografías nos devela la marca del pino Oregón. Luego se le instala la Municipalidad y la Casa del Deportista, un edificio de cemento de dos pisos, y en los años 90, la construcción sin apego, ni siquiera al clima,  de una cadena de tiendas nacionales. Por otro lado, en la avenida Balmaceda (ya no se llama así), el Atalaya, se levanta sobre el Cine Délfico y éste sobre el estadio Castro Ramos. En ambos situaciones el damnificado es el mundo del deporte.

Cerrado el teatro Municipal y el Astoreca reclamando a gritos una profunda intervención, vemos con preocupación como nuestro patrimonio se va desvalorando. La muestra más palpable de lo anterior, es advertir como algunas casas de la calle Baquedano, sus balcones,  han sido tomado como dormitorios. 

Tal vez bueno sería que este día del patrimonio, aparte de darnos un paseo por lo que nos queda de historia, sea una buena ocasión para debatir sobre nuestra responsabilidad en este aspecto.

 

Publicado en La Estrella de Iquique, el 29 de mayo de 2011, página A-9