En la capital se está generando una discusión en torno a la existencia del Paseo Ahumada. Sus detractores dicen que sólo sirve para congregar al comercio informal y a la prostitución. Que después de las 19.00 dicho paseo peatonal se transforma en otra cosa. La seguridad ciudadana baja a cero. Los defensores dicen que es el único lugar público donde la gente puede interactuar. Al mediodía esa arteria es una  expresión de lo que son los capitalinos.

Podemos trasladar esa misma discusión a Iquique. Bien sabemos que el centro de la ciudad durante el día permanece tomado por la economía informal. Sus promotores, hombres y mujeres pobres que buscan sus sustento, se la han arreglado de mil maneras, para seguir con su negocio. Ahora último han desplegado una verdadera flota en base a carros de supermercados. A eso del mediodía, hora que no da nuestro reloj principal, transitar por ahí es prácticamente imposible. Si subimos por Tarapacá la cosa no cambia. Hasta Vivar la música en vivo y envasada a alto volumen es cosa de todos los días. Podemos decir que en el centro, la calidad de vida deja bastante que desear. De una otra manera, el viejo y querido centro se ha hecho inhabitable y poco seguro.

Nuestro centro ha perdido su energía vital. Los dos mall le han quitado esa calor y color tan nuestro. Y lo han hecho porque brindan lo que el centro no nos puede otorgar: seguridad y cierto confort. Recuperar el espacio público del centro es un imperativo. No es sólo un lugar del comprar y del vender. Tiene la función de ver y ser visto. Es el sitio donde nos encontramos, intercambiamos señas, reactualizamos compromisos. El centro, tiene lo que el mall jamás nos podrá otorgar: sentirnos como en casa.

Tarapacá entre Vivar y Ramírez y entre las 11.00 hrs y la 13.00 hrs horas es el ligar donde los viejos nuestros ven pasar la vida. Allí don Marcial Coca nos recuerda los tiempos de oro del béisbol local, don Jorge González nos señala la importancia que tuvo el atletismo, don Orlando Véliz, el viejo “Galleta” nos cuenta sus aventuras con el número 6 (¿o era el 5 viejo mentiroso?) en la espalda, vistiendo la camiseta roja del Unión Matadero. Tarapacá por la mañana, es el pasillo por donde la identidad iquiqueña, portada por nuestros próceres,  se hace visible. No lo podrían hacer en el mall. La calle Tarapacá está domesticada para estos efectos. Lo mismo sucede con el Mercado Municipal.

La inhabitalidad que muestra el centro atenta contra la esencia de la ciudad. Es aquí donde lo mejor del Iquique profundo se expresa. El centro es el sitio del deporte (la Casa del Deportista que se nos fue), de los entierros y de la política (la plaza Condell). Por ello que recuperar el centro es tarea urgente. Dejarlo tal cual es desidia y poco amor por la ciudad.