Desde la capital la palabra provinciano tiene un marcado sello peyorativo. Tras esa expresión se esconde una serie de prejuicios: indios, atrasados, lentos, pusilánimes, informales, etcétera. La provincia para la capital es todo aquello que hay que superar, lo que no hay que ser.

La novela de Alberto Blest Gana, “Martín Rivas” es quizás la que mejor expresa el carácter del provinciano que llega a la capital. Lo mismo con la comedia musical “La pérgola de la flores”. Y los ejemplos sobran. La rebelión de Aysén, es la de los provincianos que reclaman igualdad. A los santiaguinos, de izquierda y de derecha, les cuesta entender como en los años 50 iquiqueños y taltalinos enarbolaban banderas negras. Estos últimos, más radicales, llegaron a izar la bandera de Bolivia.

La vida en provincia se mueve bajo otros ritmos y condiciones. Hay tiempo para todo. Por cierto, ir a almorzar a casa y dormir la siesta son algunos de sus ejes fundamentales. Los provincianos del norte grande, además, tenemos un sello multicultural que nos viene de fines del siglo XIX y que continúa hasta el día de hoy. Tacna, Oruro y Jujuy, son nuestras ciudades hermanas. Lima y La Paz, referencias cercanas. El salitre y la Zofri hoy nos conectan al mundo. Ayer eran los clippers, hoy los cruceros y los aviones.

La provincia, como la nuestra, la región, le llaman ahora, siempre objeto de chilenización, ha sabido construir buena parte de su identidad en contraposición a la capital. Aquí el santiaguino debe medir muy bien sus palabras y sus gestos. Al de la capital se le reconoce por ese aire que porta, por la actitud, por la postura corporal. Muchos del centro terminaron abrazando el credo local. Hay que preguntarle a Santiago Polanco Nuño o a Gilberto Rojas.

Aumentar las competencias regionales, las ofertas médicas y culturales, forman parte de una demanda histórica que hay que satisfacer. Capital y provincia, son caras de una misma moneda que indica la necesidad urgente de la descentralización, pero sin sacrificar nuestra rica y variada identidad cultural. El desarrollo no se contradice con la institución de la siesta.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 11 de marzo de 2012, página 15