Uno de los rasgos de la sociedad actual, es la falta de credibilidad en que han caído varias de sus instituciones. Esta semana la sociedad chilena ha quedado pasmada con el maltrato a los animales, que se practicaba en una institución que debía protegerlos.  Ha ocurrido en jardines infantiles,  en hogares de ancianos, en recinto para rehabilitar a menores, etc.
Las instituciones de las que se creía a ojos cerrados, han dejado de ser creíbles. Un manto de sospecha se cierne sobre ellas.  El que forjó la frase que el mejor amigo del hombre es el perro, debe estar dándose vuelta en su ataúd.  Faltaría ahora preguntarle a un can, si se siente identificado con esa frase. Lo más probable que el mejor amigo de ese animal sea otro perro. Incluso, y hay muchas experiencias a la mano, puede ser un gato. Pero, no nos dejemos engañar. La amistad es un fenómeno social que parece ser privativa de los animales superiores que dicen, somos nosotros. Hay un par de hechos que demuestran lo contrario: las dos guerra mundiales del siglo pasado y otros cuantos genocidios. La racionalidad no es nuestra mejor carta de presentación.
Hace un par de décadas atrás, tal vez, el caso de los animales mal tratados no hubiera tenido tanto impacto como ahora.  Algo sucede con los humanos que han transferido hacia las mascotas un cariño especial. Algunos incluso lo tratan como si fueran humanos. Y por cierto que la relación que se establece con ellos, es distinta a la que se genera con otros seres humanos. Es más fácil querer a un perro que a otro ser humano. La relación con un animal es más de dominio que de complemento.
Nadie pone en duda el cariño que se siente por una mascota, pero de allí a ubicarlo en el centro de la vida afectiva parece, por decirlo en el mejor sentido de la palabra, sospechoso. Sea como fuere, los animales del tipo que sean, sobre todo perros y gatos son parte de nuestra geografía urbana. Recuerdo haber visto quiltros con un collar de limones en el cuello. “Era para la tos” me dice doña Juana. Pero los quiltros eran de la calle y de tarde en tarde llegaban a casa. Eran como los gorriones o como los jureles (ahora es un lujo tener en la mesa un pedazo de ese manjar), que masivamente poblaban el espacio.
Pero los quiltros se han multiplicado. E Iquique parece ser un lugar adecuado para ello. Por doquier aparecen con su estampa con o sin prisa. Moviendo la cola o bien mostrando sus afilados dientes. O en época de celos, obedecer a sus instintos y sin seducción de por medio, poner en entredicho el protocolo del día de los enamorados. El quiltro, soberano de la calle, elegante después de la siesta, fue inmortalizado por Alberto Cortés en su canción “Callejero”. Una pieza musical que lo retrata de cuerpo entero. El argentino transformó en figura casi épica al quiltro que no tenía hora para hacer la siesta. Pero también, y como que no quiere la cosa, nos hizo una advertencia: “Era nuestro perro y era la ternura/ Que nos hace falta cada día mas”.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 14 de diciembre de 2008