Los antiguos dejaban sus huellas en los cerros y en las piedras cerca de los caminos. Los grabados encontrados en Lascaux y los cientos de petroglifos y geoglifos que aún perviven en el norte grande de Chile, nos hablan de la necesidad de dejar testimonio, de comunicarse. Escribir en las paredes es una costumbre antigua. El dicho el popular lo sentencia: “Más viejo que escribir P para el que lee”. Hoy la ciudad aparece cada vez más rayada. Son los jóvenes los que marcan su presencia sobre la propiedad de otros.

Pero hay otros rayados. Otra forma de comunicar, otra manera de decir lean esto y gocen la poesía. Son los rayados que las paredes de la Universidad Arturo Prat, por la avenida del mismo, sostienen. Allí la poesía mira al mar. Los versos de Neruda, de la Mistral y de Oscar Hahn, parecen decirnos alto, deténganse, deletreen lo que en noches de insomnio, o mañana alegres hemos escrito para ustedes.

La brocha y el talento del maestro Echeñique puso el resto. La voluntad y el buen gusto de Ediciones Campvs realizó el milagro de sacar la poesía de las hojas de los libros para esculpirlas en esas hojas blancas de piedra solemne, pero vacía. Ahora lucen llenas de trazos poéticos.

Al pasar por esa avenida la poesía parece asaltarnos. Los versos de Neruda nos ponen manos arriba y en vez de robarnos la vida, nos las da. Son paredes generosas como lo es el espíritu de Neptuno, ese dios que no es griego, sino que iquiqueño, que nos da ese alimento que no se compra en el despacho de la esquina. Oscar Hahn, ese otro iquiqueño universal, tal como lo fuera el Tani, nos regala un poema de Iquique, escrito bajo el canon de la poesía más clásica. La rima, rima con la identidad y con los afectos, y sobre todo con el recuerdo de esa Iquique que vive en la geografía de la nostalgia. Los que dicen amar a esta ciudad deberían leer a este poeta exiliado en Iowa. En las sesiones del concejo municipal, antes de tocar la campanita, se debería leer ese poema para darnos cuenta que nadie tiene el monopolio del amor con este puerto sin ley.

Sería lindo que otras paredes recibieran la poesía. Ya que no tenemos estatuas, podríamos ser una ciudad que respirara poesía. ¿Y tenemos poetas para tantas calles? Faltarían calles.

Ha sido nuestra Universidad la primera es descubrir el valor pedagógico de las paredes. Pero decir universidad es de una abstracción muy grande. Siempre hay gente detrás. Y detrás de esos poemas, se asoma la figura inmensa de mi querida Miriam Salinas, con esa corazón tan iquiqueño, con esa voluntad tan de acero, con ese abrazo tan nuestro, la que se ha impuesto la tarea de recordarnos que nada somos sin la poesía. Al frente, desde el mar, el dios Neptuno, nos mira y parece decirnos “Cuenten conmigo”.