¿Qué sabemos de las calles y veredas de Iquique, de sus casas y edificios, de sus hábitos en general que nos remitan a lo que fue esta ciudad-puerto? ¿A quién recurrir para encontrar trazos de esos aspectos que, por lo general, la historiografía clásica no toma en consideración?  Por último ¿cómo registrar las percepciones y auto-percepciones que los iquiqueños y no iquiqueños tienen de esta ciudad? Las crónicas, entre otros géneros literarios nos ayudan. Aquellas que se escriben como cartas, libros de viajes, o  como cartas al director, o simplemente como columnas, dejan constancia de las percepciones e interpretaciones de aquellos que nos visitaron.  Estos  retratos  son una buena fuente para pensar lo que el Puerto Mayor fue en el pasado.

Desde los comentarios realizados  por Charles Darwin,  hasta la del “Che” Guevara  pasando por el escritor español Eduardo Blanco Amor, Andrés Sabella Luis González Zenteno, Oscar Hahn,  Salvador Reyes, entre tantos otros, constituyen un repertorio de imágenes riquísimas en cuanto ayudan a imaginar como era Iquique, en los tiempos que éstos pasearon por la caleta/ciudad.

En el libro “Dos soldados en la Guerra del Pacífico”,  de Abraham Quiroz e Hipólito Gutiérrez, editado el año  1976, el primero, describe someramente, a través de una carta que envía a su padre, como ve Iquique. Dice:

“Iquique es un puerto de aspecto bastante regular. En la plaza hay como una especie de torre y tiene relojes por las cuatro caras, lo que es bastante agradable a la vista”. Esta descripción de la torre de la Plaza Prat, realizada en febrero del 1880, da cuenta de la importancia que ésta tenía en la configuración urbana de la ciudad a fines del siglo XIX. Entonces la ciudad miraba más hacia el norte que al sur.

El relato continúa: “También hay un pequeño islote separado de tierra como por 4 ó 6 cuadras. Aquí está situado el faro. Este islote se encuentra un poco al Sur”.  Habla de la Isla que se llamó Cuadros (ese el apellido de su dueño)  y que con la anexión de Tarapacá, a la soberanía chilena, pasó a llamarse Serrano. La unión de la isla a la ciudad se realizó el año 30 del siglo recién pasado.

Este breve comentario acerca de Iquique, realizado por un soldado chileno, no pasa de ser una postal de la ciudad. Es una impresión. Sólo eso.   Algo totalmente distinto se observa cuando se lee el texto del escritor español Eduardo Blanco Amor que da certeramente en nuestra forma de ser. De igual modo, lo hace Salvador Reyes. Pero este es un tema para una próxima crónica.

 

Publicado en La Estrella de Iquique, el 18 de mayo de 2003