La semana pasada en la ciudad que fundara Juan López, fue presentado el documental de Omar Villegas sobre Andrés Sabella Gálvez, el poeta nacido en Antofagasta el 13 de diciembre de 1921, y fallecido en nuestra ciudad el 26 de agosto de 1989.

La obra de Omar Villegas se ha ido sosteniendo en el tiempo a través de una práctica audiovisual que tiene como centro el norte grande de Chile. Le conocemos otras obras como “El tren de la memoria” y “Peregrinos y promesantes”. Ha indagado además en el género de la entrevista recogiendo el testimonio de artistas y escritores de la ciudad hermana.  Era esperable que Villegas se adentrara en el universo sabelliano, tomando en cuenta el peso que este vate tiene en las letras nacionales y sobre todo en lo que nos toca a nosotros.

El documental se arma en torno a imágenes del funeral de Andrés Sabella y de testimonios de hombres y mujeres que le conocieron. Todos y todas coinciden en la grandeza del personaje que supo, entre otras cosas, combinar su militancia en el Partido Comunista con su creencia en Dios. Además de ser integrante de la Hermandad de la Costa y de haber sido despedido de la Universidad del Norte, en los tiempos de la dictadura, se empeñó en no perder la decencia y la dignidad. Y lo consiguió.

La obra de Sabella es extensa y variada. Pero sin duda alguna su novela “Norte Grande” marca un hito en la producción literaria. No sólo por que bautiza a estas regiones con ese nombre, sino por que arma un relato de un modo poco convencional para la época. Para entender la historia de estos territorios, a parte de los textos de Oscar Bermúdez, Lautaro Núñez, Pedro Bravo Elizondo o Juan van Kessel, hay que leer esa novela editada el año 1944.

El documental “Hacia el arte de Andrés Sabella”, vuelve a poner el valor  la obra de este poeta hijo de palestinos y de chilenos. Tenía una especial relación con nuestra ciudad. En sus crónicas periodistas que llamó “Linterna de papel” le dedicó varias a nuestra gente.

“Hacia” es el nombre de la revista de poesía que el poeta fundó y dirigió. De pequeño formato iluminó muchas de las noches oscuras que vivimos. Lo observaba cuando hacía clases en la Universidad del Norte, y ahí entendí por que le decían “duende”.

La obra de Villegas es de un oficio pulcro y documentado. El es quien mejor nos representa en las andanzas por retratarnos como cultura.  Y como tal, no trepida en seguir a un baile religioso desde El Olivar a La Tirana, o enfilar por los rieles de nuestra modernidad ferroviaria.

En el trabajo de Omar Villegas, se expresa de algún modo el cariño que los nortinos sentimos por el autor  de “Rumbo Indeciso”, su primer libro de poemas publicado en el 1930. Dice que Antofagasta era su esposa, y que Iquique, su amante. Murió, ya lo sabemos, en los brazos de esta ciudad que le cuesta conciliar el sueño.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 29 de marzo de 2009